17 de mayo de 2012
El 'boom' inmobiliario ha disparado el endeudamiento hasta 1,5 billones de euros.El Estado español debe 700.000 millones de euros a la banca europea, de ahí la preocupación de la UE.
14 de junio de 2010
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Pamplona. Los problemas de la economía española se reflejan en un dato, más de cuatro millones de parados, un 20% de la población activa, y se concretan en una palabra, la deuda.
El Estado está endeudado, aunque menos que algunos otros que no salen en los periódicos todos los días. En todo caso, entre deuda del Gobierno central, las comunidades, las diputaciones, los ayuntamientos, las empresas y los particulares, se calcula que España debe al exterior un mínimo de 1,5 billones de euros, de ellos unos 700.000 millones de euros a bancos europeos, con alemanes y franceses en cabeza. Otras fuentes elevan la deuda a cifras superiores, del orden del 366% del PIB, lo que justificaría la preocupación de Merkel y Obama por la economía española y sus consejos públicos a Zapatero.
Y el hecho de que el déficit público del Estado, la diferencia entre los ingresos que se obtienen -cada día más reducidos porque hay más parados (menos IRPF), consumo a la baja (menos IVA) y las empresas obtienen menos beneficios (inferiores ingresos por impuesto de sociedades)-, y los gastos realizados, -más prestaciones de desempleo, más ayudas públicas a sectores en crisis, y más dinero para pagar los mayores tipos de interés de los préstamos necesarios-, se ha disparado negativamente lo que ha generado falta de confianza de los acreedores extranjeros.
¿Cómo se ha llegado a una España tan endeudada? Básicamente por las prácticas seguidas tras el boom inmobiliario. De 1998 a 2008, la economía estatal ha mantenido crecimientos récord del PIB pero, en buena parte, era un espejismo: un artificial crecimiento inmobiliario que demandó mucha mano de obra poco especializada, que atrajo a cuatro millones de inmigrantes, y que redundó en un fuerte crecimiento del consumo.
El problema es que en el Estado no había ahorro suficiente para financiar ese crecimiento desbocado. Pese a ello, bancos y cajas españoles cegados por un beneficio rápido prestaron más dinero -para hipotecas de compra de pisos, adquisición de coches etc-, del que tenían en depósitos. Para poder hacerlo las entidades financieras del Estado no dudaron en endeudarse ellas mismos y solicitaron préstamos a bancos e inversores extranjeros, créditos que ahora tienen que devolver algo que se está complicando por el aumento de la morosidad y la caída del negocio por efectos de la menor demanda derivada de la crisis.
El proceso de endeudamiento se aceleró con la entrada de la moneda única europea. Con el euro, España se encontró con una inflación excepcionalmente baja y con dinero abundante y barato. El resultado era que medio país se endeudó y anticipó compras porque, el español de a pié llegó a la conclusión de que adquirir una segunda vivienda con dinero que no tenía era una forma de ahorro e inversión porque a los dos años valía mucho más, lo peor es que alguien pensó que este era un proceso infinito hasta que el elevado precio de la vivienda ha expulsado a los demandantes del mercado y la misma no se vende.
El mismo proceso se siguió en el mundo empresarial. Se dieron grandes operaciones corporativas con dinero prestado que ahora hay que devolver y en buena parte no se puede. Los consumidores españoles han vivido por encima de sus posibilidades reales, de prestado, y ahora toca pagar la factura.
Sólo el sector del ladrillo tiene, según el Banco de España unos 450.000 millones de euros comprometidos con la banca, dinero que, según reconocen los promotores, difícilmente se podrá pagar a corto plazo. Estas cifras están lastrando los resultados de bancos y cajas españolas. Como además estas mismas entidades financieras están adquiriendo buena parte de la deuda que emite el Estado español, y el portugués, el miedo a que la falta de crecimiento español, con los menores ingresos consiguientes, desemboque en una suspensión de pagos preocupa a los inversores extranjeros.
Y no es una cuestión menor porque España, con un PIB de más de un billón de euros, es una de las doce mayores economías del mundo. Y un problema con sus pagos afectaría a todo el sector financiero internacional. De ahí la presión europea a Zapatero para que ajuste las cuentas, reduzca el gasto y, siente las bases, para el crecimiento económico.
Y los más interesados son los prestamistas alemanes y franceses. Simplificando, el dinero alemán prestado a los bancos del Estado acabó en manos de los ciudadanos españoles para adquirir coches alemanes con lo que Alemania ganaba dos veces: por el préstamo bancario y por la venta del coche. Ahora ante la posibilidad de no cobrar a tiempo sus préstamos, el nerviosismo en Europa es de prever.
En el escenario más crudo, un estudio de la consultora McKinsey señala que de 1990 a 2000 la deuda global española (administraciones, empresas, hogares y banca) creció un 50% hasta llegar al 193% del PIB pero de 2000 a 2009 se disparó hasta el 366% del PIB de la mano, sorpresa, de las empresas y la banca.
Buena parte de esta deuda está enterrada en el millón de viviendas construidas y sin vender con lo que la solución a corto plazo no es fácil con un 20% de desempleo. Para hacer frente a los pagos de los préstamos se está procediendo a una refinanciación masiva. De ahí los problemas de España con el denominadoriesgo país. Ello ha generado que la deuda pública española tenga que pagar unos intereses más altos para poder colocarla en el mercado. Así los bonos españoles a diez años estaban al 4,5%, casi dos puntos más que los alemanes. Una financiación cara.
Con todo, no hay que perder la perspectiva pues estos tipos de interés siguen estando, en términos nominales, entre los más bajos de los últimos treinta años aunque el volumen de dinero que el Gobierno español ha pedido prestado es mucho mayor. De hecho se ha multiplicado por cuatro en los últimos veinte años. El Ejecutivo central tenía deuda en circulación, con datos de finales de abril, de 488.392 millones de euros.
Las rebajas del rating de la deuda española añaden más leña al fuego pero no hay que olvidar que también hay intereses especulativos de inversores en los mercados que apuestan a la baja contra un país en concreto al que ven en debilidad acentuando una crisis que en sí misma no es tan grave como algunos quieren hacer ver por sus intereses particulares.
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