23 de mayo de 2012
"Hay que rebajar las cuotas de la Seguridad Social, subir el IVA y abaratar el empleo, no el despido". Estas son algunas de las soluciones que concreta el presidente del Consejo Superior de Cámaras, Javier Gómez-Navarro, cuando se le pregunta por la actual crisis económica. Una situación límite que podía haberse evitado en parte, de haberse tomado medidas serias contra la burbuja inmobiliaria.
10 de agosto de 2009
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Javier Gómez-Navarro
Nos estamos encontrando con una falta de solvencia de los bancos para facilitar créditos. ¿A qué obedece?
La normativa impide que la cartera de créditos sea superior a ocho veces los recursos propios. Como éstos están disminuyendo a causa de la morosidad, las entidades tienen que aprovisionarse con recursos propios y se ven obligadas a reducir la cartera de clientes. Si no se capitalizan los bancos y no aumentan los recursos propios, no aumentarán las posibilidades de créditos.
¿Y cómo se puede solucionar?
El Gobierno tiene que afrontar de una vez el problema de capitalizar los bancos. Porque por vía privada no hay prácticamente posibilidad, sobre todo en las cajas.
¿Y está garantizado que con esta capitalización aumenten los créditos?
El Estado tiene que asumir también más riesgos. Además de todos estos aspectos de solvencia, tienen el problema de que les crece la morosidad y tienen un control muy estricto de la concesión de créditos. Si el Estado no asume una parte de ese riesgo, vía ICO o vía compañía de seguros - llámese crédito y caución o Cesce - no se aumentarán los créditos. Pero en esta crisis hay otro factor fundamental, la competitividad empresarial. España tiene una crisis específica, provocada por la burbuja inmobiliaria, en la cual han enterrado los bancos miles y miles de millones que hoy tienen inmovilizados, y a la que se suma la falta de competitividad del mercado español. Tenemos un déficit del 10 por ciento en el balance por cuenta corriente: consumíamos 100.000 millones de euros más al año de lo que éramos capaces de producir.
¿Qué se puede hacer para reactivar el mercado inmobiliario?
El Gobierno tiene que impulsar iniciativas en el sector que consigan fijar precios de referencia en las viviendas. La gente no compra una vivienda porque no sabe qué precio tiene. Hay personas que, aun necesitando una vivienda, no la adquieren porque piensan que al día siguiente va a bajar un 20 por ciento y van a quedar como tontos. El Gobierno debe impulsar a bancos y a inmobiliarias a empezar a tantear precios hasta llegar al que permite que la gente compre.
¿Se ha excedido el Gobierno al dotar a los bancos de una liquidez que después no ha llegado a pymes y particulares?
Yo creo que lo ha hecho bien, quizá un poco tarde, pero bien. Lo que pasa es que el Gobierno no se ha decidido del todo a enfrentarse con la crisis bancaria, que, en nuestro caso, es diferente a la del resto de otros países del mundo. Probablemente es menos alarmante a corto plazo, pero a largo, si no se resuelve la inmovilización que existe en el sector inmobiliario, la banca española podría llegar a tener problemas.
El Banco de España ya había alertado hace años de que esto podía suceder.
Una cosa es alertar que puede producirse una burbuja y otra muy distinta es actuar. Si no se toman, en su momento, medidas correctoras para impedir que la burbuja siga creciendo, llega el día en que ésta explota, como así ha sucedido en España. La vivienda se había convertido en un producto financiero especulativo. Se compraban pisos, no para vivir ni para alquilar, sino para revenderlos más caros.
También aboga por aumentar la competitividad. ¿Cuáles son las carencias en este sentido?
Ser competitivo es, en resumidas cuentas, ser capaz de vender un producto con beneficios en un mercado global y altamente competitivo y hay muchas maneras de serlo. Es, por ejemplo, tener los costes más bajos y competir en precio, pero es también tener una marca reconocida de mucho glamour y ser capaz de vender tus productos tres veces más caros que los demás porque la gente quiere comprar ese producto. Por eso, no hay unos sectores competitivos y otros no competitivos, sino que hay unas empresas competitivas y otras no competitivas. En el textil, por poner un ejemplo, tenemos unas empresas como Zara o Mango que son extraordinariamente competitivas, y otras que se han hundido. Cada empresa debe saber posicionarse en el mercado, y eso sólo lo puede hacer cada empresa, pero luego nos encontramos con una serie de medidas y actuaciones que definen el marco en el que las empresas deben moverse para penetrar en mejores condiciones en los mercados internacionales y eso, en gran parte, depende del Gobierno.
Y, a su juicio ¿cuál debería ser ese marco?
Nosotros creemos que, con la máxima urgencia, el Gobierno debe rebajar las cuotas de la Seguridad Social; debe abaratarse el empleo, repito, el empleo y no el despido. Como no queremos que se bajen los salarios, ni que sufra el sistema de protección social, la única forma de hacerlo es subiendo dos puntos el IVA, para compensar los ingresos del sistema de protección social. Además, hay que firmar un pacto de rentas entre Gobierno, empresas y trabajadores, que posibilite que esa rebaja de cuotas no pase en su totalidad al margen de beneficio empresarial, sino al precio. Eso permitiría un mejor posicionamiento de los productos hechos en España, frente a los que nos llegan de países como China o India; en definitiva, una mayor competitividad y, por tanto, una mayor creación de empleo.
Con la actual coyuntura económica, ¿no cree que, por muchas medidas que haya, nadie se arriesgará a crear empleo?
Empleos se crean, lo que pasa es que la destrucción es mucho mayor, con lo que el saldo resulta negativo. Creo que las medidas que planteamos desde las Cámaras ayudan a disminuir los despidos y a incrementar el empleo. No somos expertos en el mercado laboral, pero sí denunciamos una realidad, y es que tenemos un mercado absolutamente segmentado entre trabajadores con contrato fijo y un alto nivel de protección y trabajadores con contratos precarios y eventuales, que son quienes están perdiendo el empleo. Yo no entiendo por qué la gente se sorprende de que la destrucción de empleo vaya tan rápida. Un país que tiene más de seis millones de contratos eventuales, tiene, potencialmente, más de seis millones de parados.
¿Llegará España a la cifra de 5 millones de parados?
Depende de cómo evolucionen las cosas. Podríamos llegar, no de inmediato, pero, si a lo largo de 2010 seguimos destruyendo empleo, es posible que lleguemos a esa cifra. Las últimas previsiones de la Unión Europea así nos lo dicen. El empleo que hemos creado es de muy baja calidad y se destruye a la primera de cambio. Otro ejemplo de que nuestro mercado de trabajo no funciona bien es que hace tan sólo dos años, cuando apenas se encontraban trabajadores y teníamos que traer un millón de inmigrantes al año, nos encontrábamos con una tasa de desempleo del 8 por ciento, una tasa que no tienen ahora muchos países europeos y que sin embargo están viviendo un drama de paro. Eso es una irregularidad absoluta. El Gobierno, la CEOE y los sindicatos deben sentarse en una mesa para buscar soluciones a esto y no deben levantarse de esa mesa sin llegar a un acuerdo. Esos acuerdos no pueden esperar.
¿Cree que la solución está en el abaratamiento del despido?
Nosotros no creemos que la solución venga por ahí. Al menos, no es la medida más relevante. Lo que hay que plantearse es que hay que organizar de otra manera el empleo y, sobre todo, hay que controlar el absentismo, que provoca una merma en la productividad. España en los últimos años ha duplicado su absentismo y hay que atajarlo conjuntamente entre patronal y sindicatos. Muchas de las empresas que se han deslocalizado, lo hicieron por las altas tasas de absentismo laboral. En algunas empresas de la automoción hay problemas de absentismo dramáticos los lunes. Tenemos que luchar contra el absentismo profesional.
También han planteado la posibilidad de ligar los salarios a la productividad.
Esa es lo que dicta la lógica económica, y las cosas, cuando no se mueven dentro de la lógica, terminan funcionando mal. Por tanto, si queremos salarios altos, necesitamos más productividad. Una empresa no puede subsistir con salarios altos y productividad baja.
Pero, mejorar la productividad también exige cambios en el sistema educativo.
Sin duda. En una sociedad de la información, el sistema educativo tiene que dar servicio a las necesidades de empleabilidad de las empresas. Hay problemas muy serios, como el fracaso estrepitoso en la enseñanza de idiomas. Todo el mundo es consciente de que hay que aprender inglés para moverse en un mundo globalizado, pero más del 85 por ciento de los estudiantes que acaban el bachillerato no hablan inglés. Luego, la universidad tiene un déficit muy fuerte en la enseñanza de las habilidades: desde las nuevas tecnologías, saber hablar en público, escribir bien un documento, tomar decisiones o dirigir equipos. Todos estos elementos son hoy más importantes que los conocimientos, porque los conocimientos se quedan obsoletos, pero las habilidades permanecen.
Antes hablaba de que no existen sectores buenos o malos, pero hay uno, el de la automoción, que está sufriendo problemas graves.
En la automoción hay empresas que tienen una crisis estructural y son las americanas que se han dedicado a construir coches grandes de gran consumo, cuando la demanda ciudadana es de coches pequeños con bajos consumos. Por eso lo que plantea la administración de Obama es ayudarles para que reestructuren toda la línea de producción. El caso más dramático es el de Chrysler, que va a regalar el 30 por ciento de sus acciones a Fiat, a cambio de que les cedan tecnología para fabricar coches pequeños. Hay otras empresas que están bien planteadas, pero que tienen, momentáneamente, una crisis de demanda. En situaciones de crisis, lo primero que deja de comprar la gente es bienes de consumo duradero, pero esas empresas, en cuanto se recupere un poco la economía, saldrán adelante. Las que están muertas son aquéllas que se han equivocado en el producto.
Pero si nosotros fabricamos las mismas piezas que en Marruecos, por ejemplo, a mayor precio, el futuro es claro.
Ya, pero es que eso no es tan cierto. El tema de las deslocalizaciones del automóvil ya lo escuchábamos cuando era ministro, y no se ha deslocalizado ninguna, quitando Suzuki que se fue por motivos de absentismo. En este tema influyen muchos elementos. Influye la productividad y la formación, pero también los enormes costes de inversión que requiere una nueva fábrica. La General Motors no se fue, en su momento, de Figueruelas, entre otras razones, porque no tenía liquidez para montar una factoría en Polonia. Además nos llegan buenas noticias de que Audi va a fabricar un nuevo modelo en Martorell y de que Peugeot y Renault van a hacer lo mismo.
¿Es partidario de las ayudas directas para la compra de automóviles?
Mientras sean temporales, para contener la caída en la demanda, son buenas. Lo que no tiene sentido es intentar mantener artificialmente a un muerto.
¿Están notando las Cámaras de Comercio un repunte del autoempleo como modo de escapar a la crisis?
No. Estamos viendo mayor demanda de asesoría para ver cómo afrontar la crisis. Desde los procedimientos de regulación de empleo, de suspensión temporal y de suspensión de pagos, hasta las alternativas creativas para salir de la crisis. Las Cámaras están dando cursos y montando asesorías para afrontarlo. En cuanto a gente que busca su salida profesional por el autoempleo, todavía no ha llegado, porque surge un poco más adelante. La persona que se queda en el paro dedica un tiempo a pensar cómo afrontar su futuro y un poco más adelante se plantea si monta una empresa o se convierte en autónomo.
¿Apoyan de manera suficiente las administraciones públicas a los emprendedores?
En España crear una empresa es todavía un proceso muy lento y tiene una enorme burocracia. No entendemos por qué Australia garantiza que a las 24 horas de llegar a ese país ya se pueda trabajar montando una empresa, y aquí se tarden meses. Es tan fácil como dar un número de la Seguridad Social y otro de Hacienda a quien quiera montar una empresa y que le den tres meses para presentar los papeles, pero trabajando ya desde el primer día. Eso es dar un voto de confianza al ciudadano. En España, las relaciones con el ciudadano están basadas en la desconfianza y eso es un enfoque equivocado. Lo hacen los australianos, ¿por qué no lo hacemos nosotros?
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