24 de mayo de 2012
En España, son muchas las conversaciones en la barra del bar en las que grupos de amigos planean emprender un negocio propio. ¿Cuántas de estas charlas culminan en la aventura de crear una empresa? ¿Pocas? ¿Ninguna? Por ello hemos decidido ofrecer una serie de consejos, sencillos pero prácticos, que ayudarán a convertirse en empresarios de éxito.
18 de agosto de 2011
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Como no queríamos viajar solos en esta aventura, hemos escogido un buen patrón para guiarnos, que no es otro que Alejandro Sánchez- Ocaña, escritor y business angel, además de autor de Ha llegado la hora de montar tu propia empresa (Deusto, 2011).
Lo primero que tendríamos que preguntar es: ¿Se trata de un buen momento para emprender? La respuesta es "siempre es buen momento para ello". Pero, ¿no es muy duro ser autónomo? Sí que es duro, pero muy gratificante. ¿Todo el mundo tiene espíritu emprendedor y puede ser empresario? La respuesta es no. Esta especie, la del emprendedor, según Sánchez-Ocaña, se caracteriza por asumir riesgos y responsabilidades individuales por el estímulo que le producen sus logros personales, posee gran capacidad para innovar y anticipar las posibilidades futuras. Para todos aquellos que compartan alguna de estas características, arranca sin preámbulo esta breve guía del emprendedor novato, porque en el mundo empresarial es preferible ir al grano sin rodeos.
¿Y por qué no comenzar con la idea? Aunque cabe destacar que la idea de negocio no es lo más importante, y sí la persona que la lleva a cabo (el verdadero protagonista). Porque no vale la pena preguntarse si una idea es buena sin antes haberse planteado si nosotros somos los más adecuados para llevarla a cabo. Es fundamental identificar qué razones nos motivan a crear una empresa. ¿Es por necesidad? ¿Por mejorar el futuro?... Lo que nunca se debe hacer, recomienda Sánchez-Ocaña, es montar una empresa porque se ha tenido una gran idea. Y es que posiblemente tú idea de negocio la hayan tenido antes cientos o miles de personas.
Tras nuestra propia radiografía, la clave puede estar en escoger un sector pujante y, por ejemplo, detectar necesidades dentro del mismo con el fin de ser capaces de crear un valor diferencial. ¿O creen que cuando Pans & Company llegó al mercado no existían los bocadillos? Y es que existen muchos emprendedores que han cometido el error de buscar una idea rompedora y compleja con el fin de diferenciarse. Por ello, no está de menos mencionar dos casos que, haciéndose valer de la estrategia opuesta, han alcanzado cotas de éxito imposibles de imaginar al comienzo de su expedición. Uno de ellos es Starbucks, cadena creada en 1971 en Seattle con la intención, para nada innovadora ni especial, de distribuir café al usuario final. Algo que les ha llevado a las 16.000 aperturas en los 44 países en los que opera. El otro caso, más cercano, fue la idea poco innovadora de montar una juguetería en 1992. El nombre seguro que les resulta conocido: Imaginarium. La franquicia opera en 29 países con 400 tiendas con su característica doble entrada, una para los padres y otra para los más pequeños. Y ahí es donde radica su gran éxito, ya que su idea poco innovadora se ha transformado en un modelo a seguir por haber conseguido atraer tanto a padres como a niños.
Es el momento de decidir si la aventura la recorres solo o en compañía de socios, algo que en ocasiones depende de la naturaleza del negocio. También de ser realista y no dejarse enamorar por la idea, si bien es cierto que no se debe nunca emprender un negocio con el freno de mano puesto. Soñar con crecer es gratis, y si no que se lo digan a Mark Zuckerberg, que pensó en crear una red social para su campus universitario... y que ahora cuenta con casi 600 millones de "amigos". Pero sobre todo, es hora de analizar. Se debe conocer el target al que nos vamos a dirigir y la competencia a la que nos vamos a enfrentar. En este sentido cabe preguntarse: ¿hay personas interesadas en pagar por lo que haces? o ¿lloverá mañana?, pregunta que hace el autor para mostrar a los emprendedores la importancia de conocer el futuro del sector en el que se va a actuar.
Respecto a la competencia, podríamos emplear líneas y más líneas en proponer un análisis Dafo (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) u otras técnicas empresariales que sirven para conocer a los competidores, pero hemos decidido encender su ingenio con un caso real. Es el caso de Amazon en Estados Unidos, que antes de saltar al mercado se dedicó a comprar libros a sus futuros competidores para analizar así sus ventas, todo gracias a la numeración correlativa de las facturas. Así conocía sus estimaciones en las ventas y casi el valor de la propia compañía competidora. ¿Ingenioso, verdad?
Ya hemos soltado el tópico de que cualquier momento es bueno para emprender. Ahora falta explicar por qué. En momentos de crisis, las empresas se ven obligadas a estudiar más opciones por temas presupuestarios mientras que en épocas de bonanza se conforman con su proveedor de toda la vida. Por lo tanto, si queremos crear un negocio orientado a las empresas, ahí tenemos una razón. Otro argumento que convierte el tópico en un hecho es que en tiempos de recesión como éste, todo el mundo se queda paralizado. ¡Aprovéchelo! Como aprovechamos desde aquí para pedir a la Administración y las entidades financieras más apoyo para evitar que el mito de la España poco emprendedora se convierta en una gran realidad. Y es que el tema de las ayudas y subvenciones es uno de los más delicados, tanto, que el autor hace la mejor de las recomendaciones: déjalo en manos de gestores privados, al final será una excelente decisión. En muchas ocasiones, incluso es preferible que el papel de la Administración se centre en no interferir ni alargar el proceso de tramitación. Como dato significativo, Sánchez-Ocaña cita el informe Doing Business, dependiente del Banco Mundial y que mide la facilidad para hacer negocios en 183 países. España ocupa el puesto 146, por detrás de países como Venezuela, Tajikistán o Zimbaue.
Por cierto, ¿hemos hablado ya de dinero? Si la respuesta es no, ahora es el momento. Lo primero y muy recomendable es realizar una estimación de ventas realista y, dependiendo de los resultados, plantearse el hecho de obtener financiación por parte de terceros. Estimar los gastos también se plantea imprescindible y es aquí donde el emprendedor tiende a minimizarlos, creyendo que muchos recursos no son necesarios al comienzo, algo que a medio plazo puede comprometer el negocio. Para no caer en ese error es necesario mantener siempre una perspectiva realista.
A pesar de que muchos emprendedores sólo realizan un plan de empresa cuando su negocio requiere de inversores, el business plan se antoja casi obligatorio para saber cómo poner en marcha lo que en un principio comenzó como una simple idea. "Debe describir el proyecto después de haberlo sometido a un profundo análisis y aportar proyecciones detalladas sobre su futuro", comenta Sánchez-Ocaña. Por lo tanto, la pregunta clave a la que debe responder es: ¿Cómo pongo en marcha mi idea de negocio? Y otras interrogantes básicas serían: ¿mi idea satisface una necesidad real?, ¿existe mercado para llevarla a cabo?, ¿operan ya empresas que ofrezcan algo similar a lo mío?... La importancia del plan de empresa es tal que servirá, incluso, para conseguir financiación, por lo que hay que tener mucho cuidado sobre las valoraciones y proyecciones que se incluyen. También servirá como alerta para saber cuándo y cómo avanzar, es decir, puede dar respuestas a distintos interrogantes que se plantearán todos aquellos que te acompañen en la aventura.
Un buen business plan ayudará a mejorar la idea, aumentará las probabilidades de éxito y logrará evitar que nos desviemos de la ruta establecida. Quizá sea la mejor guía que vayamos a encontrar durante la creación de la empresa. Hay que aclarar que no existe el plan de empresa bueno o malo, simplemente debe ser útil para nuestro fin. Al final se trata de un documento coherente capaz de convencer a uno mismo y a los inversores.
Una vez dispongamos del mapa, falta el vehículo en el que viajar. ¿Lo haremos en una S.A.? ¿O será una S.L.? Estas dos son las fórmulas más habituales y siempre depende de si se trata de una empresa capitalista (responsabilidad limitada al capital aportado) o personalista. Como es de suponer que siguiendo estos consejos ya se contará con un gestor privado, conviene cotejar con él qué fórmula es la que mejor se ajusta a nuestro proyecto. Las únicas que pueden llevarse a cabo por un socio como mínimo son las Sociedades Anónimas, Sociedades de Responsabilidad Limitada y las Sociedades de Responsabilidad Limitada de Nueva Empresa, estas últimas con limitación de cinco socios máximo. Mientras, las que requieren un mínimo de dos socios son las Sociedades Colectivas y la Sociedad Comanditaria, mientras que las Cooperativas requieren como mínimo tres.
Y casi salida de la novela kafkiana El Proceso, la burocracia necesaria en España para montar una empresa es tan larga y tediosa que recomendamos por ello la ayuda del gestor y, en cualquier, caso acudir a la Ventanilla Única Empresarial (en 2010 eran 35 en el país), creada por la Administración y las cámaras de comercio con el fin de minimizar los trámites y servir de soporte al emprendedor. Otra recomendación es acudir a los Puntos de Asesoramiento e Inicio de Tramitación (Pait). Ahora ya estamos inmersos en la aventura.
Tenemos una mochila en la que hay buenas ideas, sabemos en qué terreno nos va a tocar movernos, conocemos las rutas –y los atajos– que podemos elegir y quién nos pueden ayudar, así como quienes son los depredadores y competidores. Nos falta por elegir el vehículo y los ocupantes que nos acompañarán en esta aventura tan inquietante como fascinante que no es otra que montar tu propia empresa.
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