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El humor va muy en serio

Elimina el estrés, aumenta la productividad, motiva al personal, dispara la imaginación y crea un excelente canal de comunicación. No es broma: el sentido del humor decide en la empresa.

11 de junio de 2004

ABC Nuevo Trabajo


Elimina el estrés, aumenta la productividad, motiva al personal, dispara la imaginación y crea un excelente canal de comunicación: No es broma. El sentido del humor decide en la empresa

«Dentro de algunos meses nos estaremos riendo de esto», suele decirse. ¿Por qué no empezar ahora mismo? El sentido del humor constituye una herramienta perfecta para solucionar problemas. Enciende nuestra imaginación y nos permite afrontar situaciones difíciles desde perspectivas que se salen de la norma habitual.

Pero los efectos beneficiosos de unas buenas risas en el trabajo no acaban ahí: Además de eliminar estrés, abre vías de comunicación capaces de cohesionar al equipo más desestructurado. Dirigido hacia uno mismo, el humor confiere seguridad y control. Nunca las sonrisas se cotizaron tal alto

Los empleados de una sucursal bancaria protestaban sin cesar por la nefasta conducta de algunos clientes. A un lado de la ventanilla, los trabajadores intentaban esmerarse en sus funciones para minimizar cualquier roce, pero, al otro, había quien no atendía a razones. Si la amabilidad y la educación eran sello de la casa, el estrés y el descontento también empezaban a instalarse en el quehacer cotidiano de la plantilla.

Así que el director decidió institucionalizar internamente el «Premio al Peor Cliente de la Semana». Cada viernes, al término de la jornada laboral, los sufridos empleados de la sucursal se reunían en una sala y contaban sus respectivas historias acumuladas durante la semana en un distendido ambiente de complicidad y de risas. La mejor historia de horror se llevaba el premio y una botella de champagne. La iniciativa hizo que los ánimos se relajaran y, como todos querían ganar, se empeñaron en tratar a los clientes más insoportables, de manera que éstos, a su vez, fueron suavizando sus maneras ante tal cúmulo de atenciones.

Risas milagrosas

El sentido del humor del director de la sucursal bancaria le proporcionaba herramientas para idear una "estrategia" que desdramatizara la situación, eliminara tensiones, cohesionara a su equipo, motivara a sus empleados y, finalmente, solucionara el problema. ¿Se puede pedir algo más a unos minutos de risa?

La aplicación del humor en los negocios tiene uno de sus principales puntos de partida en Norman Cousins. A Cousins, editor de la revista Saturday Review, le fue diagnosticada una espondilitis anquilosante en un grado muy avanzado -una enfermedad muy dolorosa que va restando movilidad a las articulaciones-. Cousins descubrió que la risa aliviaba tremendamente los dolores de su costado y que diez minutos de carcajadas le proporcionaban dos horas de sueño sin dolor.

El tipo se pasó una buena temporada viendo películas de sus admirados hermanos Marx, leyó libros de humor y, al cabo de unos meses, recuperó gran parte de la movilidad perdida e, incluso, volvió a practicar deporte.

Cousins publicó "Anatomía de una enfermedad", libro que, además de relatar su particular lucha contra el dolor, sirvió para borrar de la cara de muchas eminencias médicas su sonrisa de incredulidad ante esta cuestión. Las investigaciones sobre el poder curativo de la risa se aceleraron, al tiempo que la lista de sus beneficios efectos se incrementaba: fortalecimiento del sistema inmunológico, reducción de la presión sanguínea, liberación de endorfina (de efecto anestésico), y lo que es más importante en el mundo de los negocios, reducción del nivel de hormonas como la adrenalina, directamente relacionada con el estrés.

Teniendo en cuenta que en Estados Unidos se pierden unos cien mil millones de dólares al año a causa de las bajas laborales que provoca esta enfermedad, no es extraño que el humor se esté convirtiendo en una sólida estrategia que ya está demostrando resultados sorprendentes en muchas organizaciones.

Joel Goodman experimentó en sus propias carnes el inmenso poder del humor cuando su padre iba a ser operado a vida o muerte de un aneurisma aórtico. Ni él ni su madre podían pronunciar palabra alguna durante el trayecto hacia el hospital. Sin embargo, todo cambió cuando Alvin, el taxista que les llevó hasta el centro hospitalario, comenzó a contar chistes sin parar e hizo desaparecer en cinco minutos un angustioso estado de tensión.

En 1977, dos años después del libro de Cousins, Joel Goodman fundaba The Humor Project. Con sede en Saratoga Springs (New York, se trataba de la primera organización mundial volcada en la aplicación del poder positivo del humor. "Este don nos puede ayudar a superar ese espacio que existe entre nuestra búsqueda diaria de la excelencia y la imperfección de la propia naturaleza humana -explica Goodman-. Estamos hablando de una poderosa herramienta que abre puertas, mentes y corazones ¿no es precisamente esto lo que nosotros y nuestras organizaciones debemos hacer?".

Escuelas, hospitales, centros de desintoxicación, prisiones, y cientos de empresas, entre ellas American Express, British Airways, DuPont, Ernst & Young, General Motors, Hewlett-Packard, IBM, Kodak, 3M, Xerox, Walt Disney Co., Procter & Gamble, Motorola, Time Warner, u organismos oficiales como el FBI o la NASA, ya se están beneficiando de los programas de The Humor Project. ¿El secreto del éxito de esta organización? "Me tomo mi trabajo muy en serio y a mí mismo muy a la ligera", apunta Joel Goodman.

Contratar al gracioso

Las empresas están comenzando a considerar en su justa medida la importancia del sentido del humor dentro de sus organizaciones. En un estudio realizado por la consultora americana Hodge Cronin & Associates y que abarcaba a 737 altos ejecutivos, se revelaba que el 98 por ciento de los mismos contrataría a una persona con sentido del humor antes que a una que no lo tuviera.

"Los modernos guerreros en el campo de batalla de los negocios se revisten del sentido del humor como una armadura dorada -explica Malcolm Kushner, otro pionero en este campo, en su libro «Cómo hacer negocios con humor»-. Esa cualidad llama la atención, los distingue del montón y los escuda de los ataques. Es fácil detectarlos en cualquier organización. Su consejo se busca con afán. Sus opiniones son muy apreciadas. Y si ya no están en la cumbre, avanzan con rapidez entre la masa anónima".

Kushner se hace eco de investigaciones realizadas por psicólogos que conocían los beneficios del humor para calmar la ansiedad y fortalecer los lazos de grupo, pero que se preguntaban si ese mismo humor podía distraer la atención y restar concentración sobre el trabajo. El experimento se llevó a cabo con varios grupos de personas que tenían que desempeñar una determinada tarea productiva. El humor se limitaba a comentarios y chistes fruto de la conducta espontánea del grupo. Mediante una grabación de vídeo los observadores podían analizar a los grupos de trabajo y los clasificaban por frecuencia y duración de los comentarios jocosos. El resultado fue que el humor no interfirió, en absoluto en el desempeño; es más, el grupo que más rió fue el grupo que más produjo. "La idea de que la risa afecta negativamente al desempeño grupal es sólo un mito", concluía el profesor Pollio, responsable de la investigación.

Tanto ríes, tanto produces

Eso si hablamos de tareas productivas, en las que, para entendernos, lo que cuenta es el número de unidades que se entregan al día. Si hablamos de tareas más complicadas, de mayor responsabilidad, en las que puede entrar en juego la resolución de problemas, los experimentos de Pollio reveleban que la diversión y la risa no interferían ni para bien ni para mal en ese tipo de tareas. "Pero eso no significa que no haya que incentivar el humor en este tipo de funciones -explica Pollio -. Aunque este aspecto no entraba dentro de nuestro estudio, personalmente creo que cuando una persona se lo pasa bien en su trabajo se siente más a gusto con las cosas que hace y eso, indudablemente, tiene que reflejarse en el ambiente laboral".

Pero los beneficios del humor en el ambiente de trabajo van más allá de la motivación, de la cohesión de equipos y de antídoto contra el estrés... No hay nada que rompa más barreras entre dos personas que una buena sonrisa o un comentario que genere complicidad. Y eso es una buenísima oportunidad para eliminar las distancias que las jerarquías pueden crear, sobre todo, si tenemos en cuenta que uno de los principales cometidos de un buen directivo es convertir a un grupo en equipo. Dificilmente podrá hacerlo si esa distancia se convierte en un obstáculo insalvable.

"Los jefes aceptados como amigos participan en el juego del humor en la misma proporción que los demás miembros del grupo. En otras palabras, cuando los subordinados consideran que el jefe es un amigo más que un 'jefe', el directivo hace chistes igual que los demás y también es blanco de ellos". Es una de las conclusiones de W. Jack Duncan, que ha investigado la relación entre el humor y la trama social de los grupos. De alguna forma es algo que todos hemos percibido y que también coincide con las conclusiones de Pollio acerca de la identidad grupal: "Cuando A, B y C hacen bromas entre sí o sobre ellos mismos se crea una identidad grupal. Las bromas trazan al mismo tiempo una frontera, crean un vínculo e indican quién o qué se queda al otro lado de esa frontera. En realidad, usted se ofende si se siente excluido del grupo que apunta al blanco".

La forma en la que los jefes utilizan su sentido del humor dice mucho de ellos y de su estilo de liderazgo. El "secreto" del éxito de Goodman es, en este sentido, fundamental: tomarse el trabajo muy en serio, no así a uno mismo. "El humor dirigido a uno mismo ofrece muchas ventajas -explica David de Prado, director del master internacional de creatividad total de la Universidad de Santiago de Compostela-. En primer lugar, revela confianza y seguridad en uno mismo; despierta la simpatía en los demás, con lo que se derriban muchas barreras; mantiene nuestro ego a raya y ayuda a ver las cosas desde otra perpectiva".

Carcajadas creativas

Esa otra perspectiva es, precisamente lo que hace del humor un recurso inapreciable cuando hablamos de resolución creativa de problemas o en última instancia, de innovación. De hecho, durante una buena parte del tiempo que dura una sesión de "brainstorming", las ideas descabelladas que surgen, además de necesitar de un ambiente de desinhibición, complicidad y diversión que sólo el humor puede crear, generan a su vez una buena cantidad de carcajadas que contribuyen, y de qué manera, a estrechar los vínculos entre los participantes.

Humor e imaginación se dan la mano, de forma que sólo ésta última puede decidir de qué manera y en qué grado la risa y la diversión forman parte de nuestra jornada laboral. El límite sólo lo marca el respeto al otro, con lo que el sarcasmo y las ironías destructivas quedan fuera de lugar.

Desde auditorías del humor, a las que ya recurren muchas empresas; boletines internos en los que los empleados pueden crear sus propios comics sobre situaciones empresariales que se están viviendo; la creación de los "joy gangs" o pandillas de la diversión, encargadas de reunirse periódicamente con el fin de encontrar métodos para introducir el humor en la empresa; la institucionalización de días o semanas dedicadas al humor en la oficina o, incluso, una costumbre tan arraigada en nuestro país como es el cafelito a media mañana para aliviar tensiones, echar unas risas y volver a la mesa de trabajo con el cerebro oxigenado, cada cultura incorpora el humor a su manera.

Pero si ha habido un fenónemo vinculado al humor que ha sabido identificar a trabajadores de diferentes países, culturas y jerarquías ése ha sido Dilbert, la creación de Scott Adams. Sus tiras cómicas se publican diariamente en 1.900 periódicos, la Dilbert Zone es visitada diariamente por 15.000 personas y las desventuras de este personaje -que Granica edita en España- han conseguido vender ocho millones de ejemplares.

El "fenómeno Dilbert"

"Dilbert, un ingeniero eléctrico formado en el Instituto Tecnológico de Massachussetts, especie de pepinillo con gafas, héroe de culto para los pobres y sometidos oficinistas es una pieza de producción clave absurdamente desaprovechada en una organización tan mal dirigida como un camión de cerdos sobre una pista de hielo -explica Javier Baltanás, consultor de Griker & Asociados-. Scott Adams ha construido un universo de personajes estereotipados, situaciones ridículas y conclusiones absurdas. Lo preocupante viene cuando nos damos cuenta de que todo ello encaja bastante bien con nuestro trabajo, nuestro jefe, nuestra empresa... Entonces no queda más remedio que reirnos; de eso de trata ¿no?".

Laura Sánchez

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