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La formación de profesionales como estrategia empresarial
Desechada hace unos años, la formación de los empleados se ha convertido hoy en una herramienta clave para mantener la competitividad de las plantillas y asegurar el éxito de la empresa.
22 de octubre de 2001
Una formación cada vez más necesaria
Hasta hace pocos años, los empresarios veían la formación de sus empleados como un gasto inútil, restringiendo el acceso a cursos y seminarios a los puestos directivos. De hecho, aún hoy muchas pymes y micropymes no destinan una partida de sus presupuestos a formación, ya que su reducido número de empleados les impide compatibilizar de forma óptima la actividad productiva y la formativa.
Sin embargo, la creciente competencia entre empresas, la globalización de los mercados y la mejora y el desarrollo de la oferta formativa en España, han ido democratizando la formación, extendiéndola a todos los departamentos de la empresa. De hecho, la formación de los empleados ha pasado a ser una herramienta estratégica para la mejorar la competitividad de la empresa, ya que mantiene y capacita a los trabajadores para los cambios en los procesos productivos, sirve para mejorar la cualificación profesional de los empleados, y adapta a las empresas a las exigencias de la sociedad del conocimiento.
Según el último estudio de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), datado de noviembre de 2000 y finalizado en febrero de este año, las empresas españolas se preocupan cada vez más por la formación de sus empleados. El informe, titulado "La formación de las empresas españolas y su relación con el empleo" y en el que participaron 600 empresas españolas, afirma que el 87% de estas compañías desarrolló actividades de formación, una cifra que se ha incrementado notablemente desde el año 1993, cuando sólo el 27% de las compañías dedicaba parte de sus presupuestos a programas de enseñanza para sus plantillas.
Por término medio, las empresas destinaron en 2000 el 1,95% de la masa salarial a financiar la formación de sus empleados, una cifra que ha subido 0,8 puntos desde 1993. De esa cifra, el 1,3 se refiere a gasto directo y el resto, un 0,6%, es la cuota empresarial obligatoria de la Seguridad Social que el Estado destina a formación, tanto continua como ocupacional. Esto supone unas 26 horas de formación anual por trabajador -más o menos tres días al año- y un gasto directo por empleado de 101.315 pesetas, aunque se prevé que en el año 2001 esta cifra se haya incrementado.
Sin embargo, los niveles formativos de las empresas españolas quedan todavía lejos de los registrados en la UE. Sin ir más lejos, en España el porcentaje de la masa salarial dedicado a la formación continua asciende al 0,7%, mientras que la media europea es más del doble, un 1,5%.
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