24 de mayo de 2012
La deslocalización puede evitarse a través de una estructura organizativa y productiva eficiente y el asesoramiento y la implantación de sistemas. La implementación de las nuevas tecnologías, junto con la puesta en marcha de planes de mejora continua, son la base sobre la que las empresas deben apoyarse para ganar en eficiencia y en competitividad y evitar decisiones traumáticas.
16 de marzo de 2010
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La deslocalización industrial es un fenómeno inherente a cualquier economía industrializada que se mueve en términos de competencia internacional, que consiste en trasladar toda o parte de la producción a otros países. De este modo se intenta optimizar la rentabilidad de las inversiones realizadas a base de conseguir, en el país de destino, menor coste de mano de obra, mayores beneficios fiscales, menor coste del suelo industrial, así como legislaciones sociolaborales menos exigentes.
Es destacable el hecho de que esta deslocalización afecta en gran medida a compañías de un mismo grupo empresarial. Productos que se elaboran en plantas situadas en el oeste de Europa pasan a ser fabricados en otras sedes del mismo accionariado ubicadas en países del Este, en el norte de África o en Asia, habitualmente. Es decir, en este ámbito la competencia de las empresas no está sólo conformada por otras entidades dedicadas a ofrecer el mismo producto, sino también por factorías de su mismo grupo situadas en otros puntos del planeta. Para lograr destacar entre el resto de plantas de su misma compañía, cada empresa debe trabajar porque sus ratios de productividad sean mejores, por situarse en uno de los primeros puestos en la escala de competitividad de su propio grupo empresarial. Para lograr que estos indicadores sean óptimos y hacer frente a la deslocalización es preciso que las empresas cuenten con estructuras eficientes, que contribuyan a la cadena de valor del producto o servicio. Si se aspira a ser competitivo no basta con que la cadena de producción esté homologada bajo unos estándares de calidad, sino que ésta también debe ser eficiente. Sólo así se podrá competir con los modelos y estructuras fabriles de las llamadas economías emergentes, en las que muchos de los costes fijos de la empresa son netamente inferiores. Además de ser adecuada para hacer frente a la desloca-lización, el logro de una mayor eficiencia en sus procesos de trabajo permite a la empresa ser más poderosa a la hora de introducir sus productos en mercados internacionales, donde las compañías con menores costes de personal o fiscales ofrecen precios más ventajosos.
Un modo de lograr generar y mantener esta eficiencia en la empresa es incorporar nuevas tecnologías a la cadena de producción. Este hecho puede convertirse en una ventaja competitiva sostenible a largo plazo y en una fuerte barrera de entrada para las industrias menos desarrolladas. Las nuevas tecnologías ofrecen de modo rápido y directo información de todo el proceso de producción. Gracias a estos datos es posible determinar el estado de la planta en tiempo real, conocer qué puntos del proceso de trabajo se están desarrollando adecuadamente y, si es necesario, tomar medidas para mejorar de manera inmediata la cadena de producción.
De este modo se logra un mejor control de todo el proceso productivo y de la calidad del mismo, y se consigue brindar un mejor servicio al cliente con menos esfuerzo para la empresa. Con ello, la calidad se ve optimizada y la competitividad de la empresa aumenta de modo considerable. Las nuevas tecnologías son, por lo tanto, un activo estratégico fuente de excelencia operativa y ventaja competitiva para la empresa. A este hecho se une el que su implementación sea diversa, pues su campo de actuación dentro del ámbito de los procesos de trabajo industriales es prácticamente infinito. Las TIC pueden ser utilizadas para diseñar y probar nuevos productos, introducir sistemas de gestión automática de stocks, crear links electrónicos con proveedores y clientes, o desarrollar sistemas avanzados de gestión de eficiencia de los procesos productivos, entre otras muchas funcionalidades.
Por último es preciso tener en cuenta que con la introducción de la tecnología la empresa establece las bases para ser más eficiente en el tiempo. Acciones como el descenso de costes de personal o el uso de materias primas de menor calidad generan un ahorro efímero. Sin embargo, el desarrollo de acciones como la planteada asegura que la rentabilidad de la planta sea cada vez mayor.
Estas medidas pueden optimizarse todavía más si su implementación se complementa con la puesta en marcha de un plan de mejora continua. Estos planes consisten en revisar constantemente todos los procesos de trabajo de las empresas con el fin de potenciar los aspectos que generan más valor añadido y de minimizar las operaciones menos rentables, logrando que la empresa sea cada vez más eficiente.
Elara Ingenieros es una empresa asociada a ANEC
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