El marketing turístico debe estar dirigido al consumidor y adecuarse a sus gustos y necesidades para asegurar el acierto y la acogida de los productos y servicios promocionados.
El turismo es una actividad profundamente ligada al cliente. Es el cliente el consumidor final y es con él con quien las empresas turísticas mantienen un trato directo. Los servicios turísticos, por tanto, no deben basarse en los gustos y necesidades del empresario, sino en los del cliente. El primer paso que tienen que seguir las empresas turísticas es ponerse en el lugar del consumidor y pensar en las características que debería tener su producto o servicio para que llegue a ser de su gusto.
Por ende, el marketing que se hace de los productos o servicios turísticos también debe estar dirigido al cliente. Todas las acciones de promoción deben estar orientadas al cliente y la complacencia de sus necesidades.
Por eso hay que intentar mimar aspectos tales como:
- Competitividad. El servicio o producto aislado -una noche de hotel, una comida, etc.- debe ser atractivo para el consumidor, de forma que capte su atención por delante de otros productos o servicios turísticos disponibles en el mercado.
- Sostenibilidad. El servicio turístico tiene que tener la capacidad de durar en el tiempo, para que el cliente no se vea obligado a limitar su disfrute a unos días únicamente, con el peligro lógico de saturación que esto conlleva. Sin embargo, es difícil abarcar la duración de un servicio, ya que se pueden disfrutar aspectos del mismo -seguridad, síntoma de estatus social, etc.- incluso antes de disponer de él.
- Apostar por la calidad, como arma de competitividad frente a la competencia. En este sentido, no hay que descuidar la atención personalizada del turista, una vez esté disfrutando del servicio, para satisfacer todas las demandas y necesidades que puedan surgirle. El trato personalizado es esencial.
Marketing, calidad y competitividad tienen que ir de la mano para que el cliente se sienta satisfecho y vuelva a requerir estos productos y servicios turísticos, ya que un cliente descontento es muy difícil de recuperar.
La promoción y el marketing deben presentar todas las facetas de esa calidad, sin mostrar ninguna fisura entre el nivel prometido y la calidad real del servicio prestado.
Para afrontar un plan de marketing turístico hay que utilizar, no sólo la promoción, sino también otras herramientas de marketing. Para empezar, los análisis cuantitativos y cualitativos son esenciales para determinar las características del mercado y del cliente potencial, con lo que optimizar mejor las estrategias publicitarias.
Asimismo, es importante dar a conocer los servicios o productos turísticos tanto por medio de los canales tradicionales de promoción, como mediante Internet y otras tecnologías informáticas y audiovisuales.
Por otra parte, también pueden ser estrategias muy útiles la organización de eventos especiales, como simposios, convenciones o conferencias en directo y a través de Internet, preparados en colaboración con otras empresas públicas o privadas, que sirvan para promocionar productos o servicios concretos y que puedan ser difundidos por los medios de comunicación.