24 de mayo de 2012
El modelo preventivo basado en establecer un departamento especializado en la empresa sin más se ha demostrado absolutamente ineficaz. A continuación detallamos algunos aspectos, más allá de los meros formalismos, que deben atenderse en la prevención de riesgos laborales.
3 de junio de 2009
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Uno de los retos más importantes que existe actualmente en la mayoría de las empresas españolas es la integración real de la prevención de riesgos laborales en su actividad profesional diaria. Si dicha integración es la correcta, las condiciones de trabajo deben mejorar de forma inmediata.
Sólo así es posible la reducción en el número e importancia de los accidentes, una mejora sustancial de los datos de absentismo e, incluso, la percepción que los trabajadores tienen de su su cometido, por citar sólo tres ejemplos generados por una buena integración. Por lo tanto, la prevención de riesgos laborales no es posible valorarla solamente por la calidad técnica de los trabajos que se lleven a cabo o por el nivel de cumplimiento de la normativa vigente.
Es más, el modelo preventivo basado en introducir un departamento en la empresa sin cambiar nada se ha demostrado absolutamente ineficaz. Hay que verificar la eficiencia de las medidas que se toman y de los instrumentos que se aplican. Los modelos de organización preventiva, los sistemas de gestión, las evaluaciones de riesgo, las planificaciones preventivas, la investigación de accidentes, la formación e información de los trabajadores son herramientas muy importantes en prevención y cuidado de la salud.
Sin embargo, si la dirección no implanta un sistema integrado de gestión, el resultado de esas medidas puede verse seriamente comprometido. Para ello, la dirección de la empresa deberá tener en cuenta principios como:
Una primera reflexión de todo esto es que un sistema de gestión preventiva eficaz deberá atender tres dimensiones: un buen conocimiento técnico, un soporte adecuado y el establecimiento de lo que se puede denominar como una "cultura de seguridad".
Los investigadores y expertos en la prevención laboral coinciden en que bajo el paraguas de "cultura de seguridad" se aglutinan dos campos. Uno de ellos tiene que ver con "algo que la organización es". Dicho de otro modo, la "cultura de seguridad" reúne todas las creencias, las actitudes y los valores de los miembros de la organización respecto a la prevención y salud laborales.
Una buena "cultura de seguridad" exige de forma obligatoria un "clima adecuado" que la refuerce y consolide.
Para que esto pueda suceder deben darse las siguientes dos situaciones a priori:
Este último aspecto resulta más importante de lo que podría parecer en un primer momento ya que los últimos datos recogidos señalan que de cada cien accidentes, ochenta y cinco se deben a prácticas inseguras, sólo uno se produce porque las condiciones no son las adecuadas y los catorce restantes por la combinación de ambas causas.
A la luz de estas cifras queda claro que el ser humano interviene en más del ochenta y cinco por ciento de los siniestros que se producen en el puesto de trabajo.
Por otro lado, la "cultura de seguridad" también engloba a lo que se define como "algo que la empresa tiene", es decir, aquellas estructuras, prácticas, políticas y controles diseñados para reducir la accidentabilidad y los siniestros dentro de la empresa.
Como consecuencia de todo lo anterior, la gestión de la seguridad es algo más que un simple "sistema de papeles", de políticas y procedimientos ya que también debe establecer un conjunto de prácticas, roles y funciones claramente delimitadas en la empresa.
"Cultura de seguridad" se define, por lo tanto, como aquel "conjunto de prácticas, valores y creencias que, siendo apoyadas por todos los niveles que forman la dirección de la empresa, implican a todos los trabajadores en una dinámica tendente a la eliminación o reducción de los riesgos derivados del trabajo".
El elemento fundamental de una buena "cultura de seguridad" es que exista un "clima positivo" donde todos los miembros de la organización estén convencidos de la importancia de la prevención y la salud laboral y, por este motivo, no tengan reparos en actuar en consecuencia.
Áreas que abarca un sistema de gestión de seguridad Una vez que ya están claros los términos, debe establecerse un sistema de gestión compartido por todos y que permita llevar a la práctica lo que hemos denominado "cultura de seguridad".
Dicho modelo deberá atender estas seis áreas de actividad:
Teniendo en cuenta todo lo que se ha dicho hasta el momento, se pueden extraer "tres grandes conclusiones" en torno a la "cultura de seguridad" y su aplicación directa en el devenir diario de la empresa. La primera de esas reflexiones es que, una vez más, queda demostrado que cuanto más comprometida esté la dirección, no sólo con palabras y actitudes sino también con una capacidad de liderazgo contrastada, más implicados estarán los trabajadores en materia de prevención de riesgos. En definitiva, la dirección desempeña un papel fundamental en la reducción del riesgo laboral y, por tanto, en la bajada de los índices de siniestralidad dentro de la empresa.
En segundo lugar, la realización de comportamientos seguros requiere un elevado nivel de compromiso con el bienestar social.
Los miembros de la empresa deben estar concienciados acerca de que los accidentes son acontecimientos muy serios y de que los incidentes pueden ser, la mayoría lo son, una "importante señal" que avisa de sucesos de mayor gravedad que podrían ocurrir si no se toman a tiempo las medidas oportunas.
El citado compromiso deberá basarse en un conocimiento compartido, una actitud positiva en torno a las medidas de seguridad y, sobre todo, en dotarse de todos los medios necesarios para aplicar la política de cuidado de la salud más adecuada. Esto último aglutina tanto a la necidad de contar con todos los medios físicos necesarios como que los procedimientos, protocolos y esquemas de trabajo que se hayan establecido al respecto estén actualizados.
Por último, se ha demostrado que las organizaciones que aplican mayores niveles de prevención logran no solo reducir sus niveles de siniestralidad sino que, además, mejoran de forma notable sus ratios de competitividad, eficiencia en la producción, imagen exterior así como de rentabilidad.
De esta manera, la implantación de un sistema de gestión de la seguridad se plantea como una medida imprescindible para la empresa en el momento presente por dos motivos.
El primero de ellos, lógicamente, tiene que ver con la reducción de los índices de accidentabilidad en la empresa. Como complemento de éste último hay que mencionar que el cuidado del bienestar laboral deberá permitir la creación, desarrollo y mantenimiento de una ventaja competitiva sostenible que permita mejorar la rentabilidad futura de la organización, reducir sus costes y promocionar sus intangibles en la parte de mercado que atiende.
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