24 de mayo de 2012
Tailandia es el tercer mercado del Sudeste Asiático por tamaño y segundo en términos de PIB. Se trata de una economía en desarrolo con una potente industria del automóvil y un peso importante del sector agroalimentario, sin olvidar otros sectores. Veamos a continuación las características del mercado tailandés.
31 de enero de 2011
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Tercer mercado del Sudeste Asiático por tamaño y segundo en términos de PIB (real y en paridad de poder adquisitivo), Tailandia se ha convertido en los últimos 25 años en una economía en desarrollo con una fuerte base industrial, muy diversificada y orientada al exterior, en la que el sector secundario supone el 45% del PIB, y las principales partidas, tanto de importación como de exportación, corresponden a productos industriales. Sin ir más lejos, destaca por su potente industria del automóvil, gracias a la producción de vehículos de las grandes multinacionales del sector, y es, por ejemplo, el primer productor mundial de discos duros de ordenador. Eso no excluye que el tradicional sector agroalimentario mantenga un peso importante; no hay que olvidar que el país es uno de los cinco primeros exportadores netos de alimentos del mundo: es el mayor exportador mundial de arroz, gambas o atún enlatado, el segundo mayor de azúcar y el tercero de pollo. Dentro del sector servicios, destaca la contribución del turismo al PIB -cifrada en alrededor del 5%-, una de las principales fuentes de divisas del país y que proporciona empleo a más de cuatro millones de personas. Todo esto, unido a un buen entorno de negocios, hace de Tailandia una economía muy atractiva dentro de la región del Sudeste Asiático.
Una de las características de Tailandia más frecuentemente mencionadas es su capacidad para disociar el devenir político y el desarrollo de su economía, recordando, en este sentido, a la Italia de las últimas décadas. Es cierto que los sucesivos focos de inestabilidad que comenzaron con el golpe de Estado de 2006 y llegaron hasta los graves disturbios de abril y mayo del año pasado provocaron un desvío de inversión extranjera hacia otros países y una ralentización de la economía. Pero, como afirma la consejera económica y comercial de la Embajada de España en Bangkok, María Simó, "los datos de crecimiento de Tailandia en 2010 han demostrado que su economía es enormemente sólida: inició el año con una previsión de crecimiento de en torno al 3,5%-4% del PIB y, tras los graves incidentes de abril y mayo, esta se rebajó entre 1 y 1,5 puntos. Pues bien, los últimos datos confirman que el país creció un 7,8% en 2010, superando, por lo tanto, todas las expectativas. Estos buenos resultados fueron posibles por varias razones: por un lado, el cuadro macroeconómico está muy saneado y las autoridades han tenido margen de maniobra para reaccionar ante la crisis económica de 2008-2009; por otro lado, Tailandia es una economía muy abierta, cuyas exportaciones dependen sobre todo del área de Asia-Pacífico, que ha seguido creciendo a unas tasas importantes. Los centros de producción no resultaron afectados por las protestas y fueron capaces de atender la creciente demanda externa (las exportaciones crecieron un 28,5% en 2010)".
En opinión de la consejera, "a estos dos factores se añade el hecho de que, una vez resuelto el conflicto, la población recuperó de inmediato la confianza en la situación económica y el consumo doméstico se sumó a la demanda externa. Además, el turismo aumentó un 12% en 2010 a pesar de los incidentes, y los principales países inversores han seguido anunciando ampliaciones de sus operaciones en el país".
Para hacerse una idea de lo volcado que está el mercado tailandés hacia el exterior, baste decir que su grado de apertura comercial (exportaciones más importaciones en relación con el PIB) es del 107%, una ratio en la que las importaciones suponen más del 45%. La notable liberalización de su comercio exterior no impide, sin embargo, que se mantengan importantes obstáculos que dificultan las ventas precisamente a determinados sectores españoles. Así, existen aún elevados derechos arancelarios para ciertos productos (como por ejemplo el vino), además de barreras no arancelarias (principalmente en forma de estrictos requisitos técnicos y fitosanitarios), y prácticas aduaneras irregulares que se concretan en arbitrariedad y corrupción o trámites excesivos y cambiantes.
Por estas razones, resulta imprescindible la figura del importador/distribuidor local conocedor del entorno de negocios. En el caso de las compras públicas, la existencia de criterios de preferencia nacional aconseja disponer de un buen agente con conexiones para lograr introducirse en ese mercado.
La legislación tailandesa sobre inversión extranjera es muy restrictiva si dicha inversión no va dirigida a aquellos sectores considerados de interés para el país y elegibles por el Board of Investment (BOI). Los sectores más favorecidos son los que proporcionen una mejora de la tecnología en los procesos de fabricación, garanticen el desarrollo sostenible, promocionen la energía alternativa y promuevan la conservación energética. En estos casos, los inversores extranjeros tienen mayores facilidades y pueden constituir la empresa con capital 100% extranjero, además de acceder a la compra de terrenos y sufrir menores limitaciones a la contratación de personal no tailandés, aspectos en los que los sectores no elegibles se ven mucho más perjudicados.
Debido a que el mayor inversor en Tailandia es Japón, con nada menos que el 49% del total, es previsible que el mercado tailandés se resienta de la actual situación del país nipón, afectado por las consecuencias del reciente terremoto, y posterior tsunami, que le obligarán a utilizar capital para acometer la reconstrucción de las zonas devastadas.
Después de un brusco descenso de nuestras exportaciones en 2009, el dinamismo de la economía tailandesa en 2010 permitió una recuperación de las mismas hasta los niveles anteriores, alcanzando los 324 millones de euros (una cantidad cercana a la registrada en 2008). De todas formas, estas cifras son muy reducidas en comparación con las de nuestros principales socios europeos: Alemania exportó nueve veces más; Francia y el Reino Unido casi quintuplicaron nuestras ventas, e Italia multiplicó por cuatro nuestras exportaciones al mercado tailandés.
La presencia inversora española en Tailandia es, asimismo, muy escasa, pues apenas ha alcanzado los 43 millones de euros desde 1993. De hecho, en los dos últimos años ha sido prácticamente nula. Una tendencia que hay que revertir con celeridad, pues, como afirma la consejera económica y comercial de la Embajada española, María Simó, "estamos hablando de uno de los 10 países emergentes más atractivos para la inversión extranjera, y con fácil acceso a la región más dinámica del mundo".
Existen dos grandes grupos de oportunidades en Tailandia: tecnología y servicios especializados para el sector exportador, y proyectos de infraestructura llevados a cabo por el Gobierno y agentes privados.
Empresa barcelonesa fabricante de cables de mando para la industria del automóvil, se instaló en Tailandia en 2007 mediante una joint-venture con un socio local, y recibió ayuda del programa PAPI del ICEX. El director comercial de la firma, Jordi Juárez, señala que la mayoría de sus competidores "ha elegido el mercado chino, pero nosotros vimos que el crecimiento futuro de ese mercado no nos iba a permitir establecer nuestro propio nivel de precios. En cambio, Tailandia tiene una mano de obra más barata pero manteniendo unos niveles de calidad elevados". Juárez es de los que piensa también que "Tailandia es un país estable económicamente, y que los sobresaltos políticos no afectan, en principio, a la economía".
Se estableció en el país en 2008, también con ayuda del programa PAPI. Su actividad es la producción de reactivos para análisis microbiológicos listos para su uso directamente por el cliente, sin necesidad de hacer mezclas o manipulaciones de materias primas en sus instalaciones (ver El Exportador, nº 146). Martí Asensio, director de la empresa en Tailandia, explica las razones de su implantación allí: "En los últimos años apreciamos una demanda creciente en el mercado del Sudeste Asiático a través de algunos de nuestros principales distribuidores en Europa, pero debido a las características de nuestro producto (muy sensible a cambios bruscos de temperatura, muy corta caducidad -en algunos casos tan solo tres meses-) consideramos que la forma más viable de llegar a este mercado con éxito era instalarnos en él".
Esta firma vasca, fabricante de bienes de equipo eléctrico, mantiene desde 2005 una oficina comercial en Bangkok que, según su director gerente en la capital tailandesa, Roberto Sastre, "atiende un área geográfica que abarca desde la India hasta Nueva Zelanda, comprendiendo unos 15 países, de los que Tailandia es uno de los más importantes". Añade que "la decisión de instalarnos en dicho mercado se debió principalmente a su localización geográfica y a la facilidad de las comunicaciones".
Manuel Javier Arce
Información facilitada por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) - El Exportador Digital:
"Tailandia busca su futuro"
...en documentación
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