24 de mayo de 2012
La violencia en el trabajo es un tema que ha adquirido una importancia notoria en el ámbito laboral. Existen diversos tipos y maneras de ejercerla. Sin embargo, ¿cuál es la mejor forma de erradicarla?, ¿en manos de quién está la solución?
25 de abril de 2006
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En la encuesta Violencia y Trabajo en la Unión Europea, realizada por la OIT en el año 2000 en los 15 países miembros, se obtienen datos clarificadores: El 4% de las personas trabajadoras sufre violencia física por parte de clientes, usuarios o público en general, el 2% es objeto de violencia física por parte de otros miembros de su lugar de trabajo y el 2% es víctima de acoso sexual, mientras la intimidación y el amedrentamiento, es decir, el acoso psicológico, alcanza el 8,5 %. El doble que la siguiente. La discriminación por edad alcanza el 2,8% y la sexual le sigue con el 1,7. Sólo el sector sanitario sufre la cuarta parte de las agresiones totales en el trabajo.
En los datos de la misma encuesta aplicados a España, se mantiene el mismo orden pero con prácticamente la mitad de incidencia de cada uno de los tipos. La violencia psicológica está en primer lugar con un 5%, la ejercida por clientes un 3% y el acoso sexual un 1%. Otras diferencias cualitativas están en la discriminación por edad, que en Europa se ejerce básicamente sobre los y las más jóvenes y en España se reparte entre las personas más jóvenes y las de mayor edad.
Además de los factores individuales, situacionales, organizacionales o sociales, los dos factores que más probabilizan ser víctima de violencia en el trabajo son la precariedad y ser mujer, que tantas veces viajan juntas. La violencia en el trabajo, en sus distintas modalidades, causa mucho sufrimiento y daños a la salud, originando trastornos fisiológicos, psicológicos, conductuales..., y en casos extremos, discapacidad y muerte para las víctimas, trascendiendo muy negativamente en la familia y en su entorno. Las consecuencias de la VT, producen, además, altos costos económicos no sólo a las familias de las víctimas, por pérdida de ingresos por las bajas laborales, los gastos médicos o el desempleo... Sino que hay que contar también, los costos empresariales de las bajas laborales, de las jubilaciones anticipadas, de la menor productividad, de los pleitos... Sin olvidar que las enfermedades causadas por la violencia laboral se consideran enfermedades comunes y sus consecuencias recaen sobre el gasto social, no sobre las empresas.
Como medidas preventivas recordar la obligación de Administraciones y empresas de incorporar en el Plan de Prevención de riesgos Laborales los factores de riesgo relacionados con la violencia, en la evaluación de todos los puestos de trabajo, especialmente en los más precarios, incorporando las perspectivas de género, edad y precariedad. Es necesario un compromiso firme y declarado de la dirección de la empresa contra la VT, que favorezca la cultura antiviolencia y la intervención en origen, eliminando los factores psicosociales y organizativos, y cuando ya se haya producido el daño, que dé apoyo y alternativas a la persona que lo sufre.
La información o denuncia de los casos de VT en todas sus vertientes, debe asumirse no como una falta de compañerismo, sino como una obligación. Denunciar malos tratos es un deber. La violencia en el trabajo es un problema estructural que hunde sus raíces en la sociedad, en el individuo y la organización. Los factores individuales y sociales son importantes, pero hay muchos factores de riesgo que nacen en la propia organización de la empresa. Los modelos de organización del trabajo con disociación entre diseño y ejecución, retribución según productividad, baja autonomía, bajo control... no sólo conducen al estrés, sino al Burnout.
Las nuevas formas de organización relacionadas con las innovaciones de la gestión, la calidad total, la flexibilidad laboral que se convierte en precariedad laboral, el recorte de derechos laborales básicos, los contratos basura...se convierten en una activa violencia organizacional. Los principios de respeto a la ley y al estado de derecho se vulneran en aras de la capacidad autoorganizativa de la Administración, o por necesidades de servicio o de adaptación de la producción, en las empresas privadas. Existen modelos de organización empresarial que han modificado positivamente los factores de riesgo con alternativas como "la rotación de puestos", "la participación directa, consultiva o delegativa", "el trabajo cooperativo", "la ordenación de jornada compatible...". La siniestrabilidad también se convierte en violencia en el trabajo. Empresas con reincidencia de accidentes gravísimos que ocasionan amputaciones o muerte sin que se tomen las medidas preventivas necesarias, son empresas que cambian vidas por dinero. Otras empresas someten a su personal a exposiciones de riesgo de factores físicos o químicos, ocasionando enfermedades que pueden degenerar en incapacidades. Organizaciones que incumplen abierta o veladamente las leyes y normativas laborales y preventivas con los colectivos más débiles, como mujeres no cualificadas, inmigrantes, subcontratas, jóvenes en precario, prejubilados y prejubiladas que entre otras cosas, se les priva del derecho a la vigilancia de la salud, son empresas que cambian salud por dinero.
El nuevo sindicalismo ha de ser capaz de sintetizar todo lo logrado hasta ahora y resituarse para actuar contundente y preventivamente contra toda forma de violencia y de explotación laboral.
Lourdes Escribano Galán.
Área de Salud Laboral de STEE-EILAS.
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