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21 de Noviembre de 2008


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Hasta la fecha se cree que la formación es el instrumento esencial para el desarrollo de competencias y habilidades pero "saber no equivale a hacer", se requieren otros métodos.
12/01/2005 Lidera XXI, S.L.
Además de la influencia social y cultural, que ha de ser capitaneada por las instituciones, existe el plano individual y personal, y aquí es donde entran en juego otros aspectos. Salvando diferencias individuales, en ocasiones muy marcadas, la mayoría de las personas, situadas en el contexto adecuado, pueden desarrollar competencias emprendedoras. Hasta la fecha, habitualmente se ha entendido que la formación era el instrumento idóneo para conseguir cualquier desarrollo de competencias y habilidades, también en el área específica del emprender.
Podemos decir que existen campos de conocimiento en los que la formación sigue siendo una herramienta válida, que aporta las bases para el funcionamiento profesional adecuado. Sin embargo, hemos de diferenciar entre competencias relacionadas con el mero conocimiento, las tecnologías, los productos, etcétera y aquellas competencias de orden relacional, social, comunicacional, motivacional y, en definitiva, de comportamiento, es decir, con aquellas que resultan básicas para que el conocimiento se plasme en conductas eficaces: son las "variables de proceso". Saber no equivale a hacer, y es conveniente realizar una reflexión en profundidad sobre las causas y el origen de las conductas que se desea potenciar, en este caso, la conducta emprendedora.
Aquí ya la formación sólo resulta un complemento útil, aunque incompleto, que requiere de otros mecanismos, de otros métodos. Las competencias requeridas, el cómo una persona maneja su entorno, sus propios medios, sus propias puntos fuertes y débiles nos da la clave. El aprendizaje humano se basa en otros códigos, a menudo aprendidos sólo desde la mera experiencia personal y la observación de otros. La propia vida se utiliza aquí como campo de ensayos, a veces con alto coste personal. Incomprensiblemente aquellos factores más importantes para conseguir el éxito social, (cada vez está más claro que los resultados académicos no resultan buenos predictores del éxito profesional ni personal), se dejan al azar.
Los estilos de comunicación, la eficacia en las relaciones, o los valores, siguen sin ser tratados explícitamente desde los ámbitos de la educación o la cultura social.
Y es así, como las diferencias individuales pueden llegar a ser muy marcadas en función del contexto personal y las posibilidades que cada uno de nosotros se encuentra (y es capaz de buscar y generar), en su vida.
De este modo, dentro del panorama del desarrollo de competencias emprendedoras nos encontramos hasta la fecha con que los métodos habitualmente seguidos y los medios utilizados para conseguir tal objetivo están clásicamente relacionados con el entorno educativo, lo que podríamos denominar formación intelectual o de conocimientos.
Entendemos que lo idóneo en este contexto es utilizar métodos importados de la psicología científica, de eficacia ampliamente demostrada, para desarrollar competencias propias del perfil básico de un emprendedor.
La base conceptual y metodológica de la modificcación de conducta, que se basa en los principios del aprendizaje permite la recreación de experiencias “cuasi reales” que suponen para el individuo la mejor posibilidad de incorporar comportamientos adaptativos y de generalizar posteriormente estos a las diversas situaciones que enfrentará como emprendedor. El ser humano básicamente aprende por experiencia, y modifica su conducta para adaptarse de la mejor manera posible a su medio ambiente en función de las consecuencias que va obteniendo de sus actos. Según el modelo son las consecuencias, aversivas o reforzantes, parte importante de lo que guía el aprendizaje humano.
Una experiencia determinada, en la que se obtienen los objetivos que pretendían (y la correspondiente gratificación por ello), es más fácil que se repita en el futuro que otra que no ha resultado exitosa, (y que por tanto se ha vivido de forma escasamente gratificante), que por el contrario tenderá a inhibirse.
Recrear este modelo con emprendedores facilita un aprendizaje significativo y altamente efectivo. En la práctica consiste en permitir y acondicionar situaciones prácticamente reales con las que el emprendedor se enfrentará en el futuro, para en un entorno protegido y permisivo ensayar distintas alternativas de respuesta que permitan anticipar y analizar diversas consecuencias. Obviamente, la realidad no posibilita dichos ensayos, por lo que este aprendizaje evita o minimiza errores y maximiza el beneficio personal y empresarial en la práctica futura real del emprendedor.
Existen otros factores sin duda importantes y relevantes que influyen en el aprendizaje eficaz, que desarrollaremos próximamente.
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