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02 de Diciembre de 2008


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Conozca en qué consiste el proceso de patentar un producto y cuáles son los países que más inventos registran.
14/07/2008 La Gaceta
Si dispone de 6 a 8 millones de euros, tiene paciencia y le van los riesgos, lo suyo son los inventos. "Patentar no es un negocio en sí. En la innovación es necesario fracasar muchas veces para poder triunfar una única, pero cuando lo consigues, rentabilizas con creces la inversión inicial". Lo explica Pablo Ortiz, director de Digna Biotech, la compañía encargada de desarrollar los medicamentos descubiertos en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra.
Desde que se obtiene una fórmula novedosa hasta que compramos un medicamento en una farmacia pasan hasta 10 años entre pruebas con animales y ensayos clínicos posteriores. En el camino se queda un capital superior a 200 millones de euros, unas cifras que retraen las inversiones españolas.
Las comparativas europeas le ponen a España la cara colorada: en biotecnología, únicamente el 0,4% de patentes sanitarias europeas son nuestras, calcula el CIMA. Si ampliamos el espectro, tampoco mejoramos. De las 65.606 solicitudes comunitarias durante 2006, 1.093 eran nacionales, frente a las 24.867 alemanas, las 7.327 holandesas y belgas o las 4.721 inglesas, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.
Todas las medicinas que conocemos, las más comunes como el paracetamol o el ibuprofeno, han pasado este galimatías temporal y económico. Una patente es un documento que te garantiza el monopolio en un territorio concreto durante 20 años. Pasado ese tiempo, surgen las fórmulas genéricas. "La sociedad acepta que lo has inventado tú, te premia con la exclusividad, pero a cambio se queda con tu idea. Por ello, es conveniente patentar en todo el mundo", aconseja Pablo Ortiz. Y es que la exclusividad es, precisamente, la única diferencia entre patentar y registrar una marca a través de la autoridad sanitaria, simplemente para comercializar.
Un coágulo en el interior de un vaso sanguíneo que produce un paro cardíaco. Se trata de la trombosis. El CIMA comercializará a principios de 2009 su primera patente tras cuatro años de vistos buenos. Se trata de un kit que predice el riesgo de padecer trombosis. No será el único. Más o menos por las mismas fechas, Digna Biotech experimentará un fracaso o un éxito. Con las patentes no hay término medio. Se sabrá si han acertado o no con una crema para tratar una enfermedad huérfana que aumenta la fibrosis en la piel y dificulta la movilidad de las articulaciones.
Ortiz reivindica una copia del modelo irlandés, donde el Estado apostó por la innovación médica con importantes montantes de subvenciones públicas. No es el caso español, "donde no se premia al descubridor". En general, nuestros inventos representan un escuálido 3,1% de la porción internacional, que encabezan IBM en el mundo y Philips en Europa. Las universidades peninsulares tampoco sacan cabeza. En el ránking de Shanghai, que lideran las estadounidenses Harvard, Stanford, Berkeley, Massachussetts o la británica Cambridge, únicamente se cuelan ocho españolas. Y lo hacen en puestos considerablemente discretos. Las universidades de Barcelona, Valencia, Granada, Sevilla, Zaragoza, Complutense o Politécnica de la ciudad del Turia empiezan a aparecer a partir del puesto 170.
Tampoco seguimos el ejemplo norteamericano. "Es el capital riesgo el que entiende la innovación como una fuente de riqueza. Aquí las empresas privadas son muy conservadoras". Y se nota: únicamente existen 72 compañías nacionales titulares de una patente biotecnológica. Cataluña es el número uno indiscutible, muy por delante de Madrid, País Vasco, Andalucía o Comunidad Valenciana.
Información facilitada por:
Clarke, Modet & Cº
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