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05 de Diciembre de 2008


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Las cada vez más estrictas medidas para reducir la contaminación impuestas en los países occidentales hacen que los automóviles propulsados por combustibles ecológicos sean cada vez más necesarios.
05/12/2003 CEIN
El Protocolo de Kioto, un acuerdo internacional aprobado en 1997, supuso el compromiso de los países desarrollados de tomar medidas para atenuar los efectos del cambio climático producido por las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero. Según el texto del Protocolo, entre esas medidas estaría la “investigación, promoción, desarrollo y aumento del uso de formas nuevas y renovables de energía, de tecnologías de secuestro del dióxido de carbono y de tecnologías avanzadas y novedosas que sean ecológicamente racionales”.Aunque las progresivos avances tecnológicos y el perfeccionamiento en la combustión de los motores han logrado que los gases de escape sean mucho más limpios que hace unos años –se calcula que los automóviles de la década de los cincuenta generaban una contaminación 500 veces mayor que la actual-, el aumento en el número de vehículos y el uso excesivo de combustibles no respetuosos con el medio ambiente han acelerado el problema de la contaminación atmosférica. Y el incremento del parque automovilístico es imparable.
Por otra parte, la cantidad de recursos combustibles fósiles es limitada. Este condicionamiento exige que los países dosifiquen correctamente estos recursos u opten por otras energías alternativas para que no acaben agotándose.
A los factores medioambientales se suma otro de carácter económico: muchas de las mayores naciones consumidoras de petróleo no son productoras. El único ahorro en su consumo pueden lograrlo estos países gracias a los avances tecnológicos.
Por eso, para eludir la dependencia general a la energía petrolífera y contribuir a respetar el equilibrio medioambiental, las industrias energéticas y compañías de automoción están concibiendo tecnologías que, además de aumentar la potencia y reducir el consumo de los vehículos, disminuyen sus emisiones contaminantes. Entre estos combustibles limpios destacan:
- Biofuel. Mezcla compuesta principalmente del petróleo y de hasta un 30% de otros combustibles extraídos de productos vegetales. Algunas marcas automovilísticas, como Volvo, ya han sacado al mercado modelos con esta energía.
- Electricidad. Mediante baterías, paneles solares o pilas de combustible, los vehículos eléctricos se mueven sin producir ruido ni contaminación. En estos automóviles, como pasa en los híbridos y los de hidrógeno, el motor puede incrementar su autonomía mediante el aprovechamiento de la energía de frenado y desaceleración, que sirve para cargar la batería.
- Gas natural. Energía en alza poco contaminante –disminuye hasta un 70% los gases emitidos- que puede ser utilizada incluso en los vehículos de gasolina, previa instalación de un depósito específico para este gas.
- Energías híbridas. Existen automóviles, como el ya comercializado Toyota Prius, que combinan la energía térmica, a través de motores tradicionales de combustión, y la eléctrica, por medio de baterías o “pilas de combustible” –dispositivos donde la energía proveniente de una reacción química se transforma en eléctrica-. Los vehículos híbridos reducen hasta el 90% de la contaminación generada.
- Hidrógeno. La combinación del hidrógeno con el oxígeno en el motor de los automóviles produce energía eléctrica, además de agua y calor como subproductos, de una forma totalmente limpia. De hecho, los vehículos propulsados por hidrógeno han conseguido en su fase experimental reducir al 0% sus emisiones de CO2.
- Gas de petróleo líquido: mezcla de butano y propano, que reduce altamente los gases contaminantes.
Otras marcas, como la alemana Robert Bosch, han optado por reducir el consumo y los niveles de contaminación de sus motores diesel de última generación, gracias a los filtros de partículas de mayor duración. La británica British Petroleum (BP), por su parte, ha ideado un gasóleo y una gasolina sin plomo de 98 octanos con propiedades detergentes, que limpian y protegen los motores de cualquier residuo sólido.
El inconveniente está en que los automóviles propulsados por energías respetuosas con el medio ambiente son todavía algo más caros que modelos similares de gasolina o gasóleo. Algunos países, como Suecia, han aprobado incentivos fiscales para las personas que se decidan a comprar este tipo de vehículos.
Además, algunos de los combustibles limpios, como el hidrógeno, cuentan todavía con una insuficiente infraestructura de repostaje. La primera estación de servicio de hidrógeno de la Unión Europea fue inaugurada en Madrid el pasado mes de abril.
No obstante, el desarrollo de estas tecnologías limpias en el sector de la automoción no ha hecho más que empezar. La UE ha decidido que en 2008 ningún motor podrá producir una cantidad de gases superior a los 140 g/km de CO2, en 2009 las emisiones de gases sulfurosos desaparecerán por completo y en 2020 un 20% de uso del petróleo se sustituirá con combustibles alternativos. Este endurecimiento de la normativa comunitaria impulsará sin duda el perfeccionamiento y utilización de las energías ecológicas.
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