(saltar al contenido)
08 de Enero de 2009


Portada > Comunicación y Marketing > Documentación > Artículos
La comunicación evita muchos conflictos y ayuda a resolver o minimizar las consecuencias de los que ya existen. Unas pautas le guiarán en su quehacer profesional.
16/05/2005 Enrique Sueiro (Universidad de Navarra)
Aspiración universal: todos queremos ser felices. Obligación de hecho: hemos de trabajar. Realidad terca: trabajo y felicidad raramente cohabitan en grado sumo y en todas las personas. Sin ninguna pretensión científica ni completa y con aportaciones de expertos, sintetizo ideas en torno a la comunicación, por si resultan de alguna utilidad para alguien en algún momento.Me fijaré sólo en aspectos de la dimensión interpersonal del trabajo. Si se conjuga lo común y la acción (comunicación) de forma apropiada, todos ganamos en un proceso en el que deben identificarse los puntos fuertes y débiles para maximizar las oportunidades y reducir las amenazas.
El difícil arte de la comunicación previene de muchos problemas y, ya producidos, ayuda a resolverlos o minimizar sus consecuencias. Así se consigue alisar el rizo, pero esta supuesta poesía ¿tiene alguna conexión con la prosa diaria de la gente corriente? Sí.
1. Escuchar, comprender y actuar
Paradójicamente, un momento decisivo de comunicar consiste en escuchar, hasta el punto de que José Aguilar (La gestión del cambio) cree que “las organizaciones que predican el cambio sin escuchar a quienes deberán asumirlo, habitualmente, acaban fracasando tanto en las transformaciones sugeridas como en la misión global de la organización”.
No se trata de escuchar con los oídos -lo hace casi cualquiera-, sino con la mirada, la cabeza, el corazón… y hechos. Por eso todos conocemos o queremos jefes competentes en su área profesional y, además, con tres habilidades de comunicación progresiva: que escuchen (capacidad física hoy en decadencia), comprendan (empatía o posibilidad de ponerse en el lugar de otro) y actúen (potestad de quienes ostentan poder ejecutivo). La realidad muestra que existen directivos con ninguna, una, dos o las tres cualidades. Algo de esto subyace en el diagnóstico de Javier Fernández Aguado (Dirigir y motivar equipos) cuando avisa del peligro de “no plantearse que hay decisiones que pueden resultar dañinas para la organización a medio plazo, porque lo están siendo para las personas a corto”. El mismo autor suele recordar la conocida frase de que, en general, “la gente no se va de las empresas, sino que huye de los malos jefes”. Por el contrario, constatamos que los buenos inspiran confianza y, como escuchan, facilitan que los empleados hablen y surja un diálogo fecundo.
2. Dar coherencia a palabras y hechos
A efectos de comunicación, lo que se dice en el trabajo es informativo; lo que se omite, significativo; y lo que se hace, determinante. Entre las variables que cabe analizar, se me ocurren cuatro combinaciones de palabras y hechos:
1. Sin palabras ni hechos. Probablemente, es la peor situación porque a la incertidumbre -siempre paralizante- de lo que se hace se añade la de lo que no se dice.
2. Con palabras sin hechos. Hay comunicación, pero incoherente porque lo que se dice no corresponde con lo que se hace. Si la situación se prolonga, se resquebraja la credibilidad, la confianza, etc.
3. Sin palabras con hechos. Bien y… qué lástima: se consiguen resultados, pero sin comunicación. Por consiguiente, los resultados podrían mejorarse.
4. Con palabras y hechos. Así da gusto. La comunicación arregla casi todo porque, incluso en el caso de no obtener los resultados que se anunciaron, siempre se puede comunicar a tiempo que no se van a conseguir.
| ir a artículos | recomiende este contenido | acceso a asesoría | versión para imprimir |
|© Copyright, Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra. Aviso Legal