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30 de Agosto de 2008


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Andamos revolucionados con el bajo nivel de nuestra sociedad en materia de idiomas extranjeros, y se proponen medidas para mejorar esta deficiencia en un mundo cada vez más pequeño y globalizado. Pero no basta con conocer una lengua de forma perfecta, hace falta algo más.
14/05/2008 Punto Global
Se propone mejorar la calidad de nuestra educación en idiomas incrementando su presencia en los calendarios escolares, llegando incluso a instrumentar un modelo "plurilingüe" que abarca inglés (50 %), castellano (20%) y vasco (30%), implantado en la escuela desde los tres años. Qué nivel de desempeño podemos alcanzar con dichos porcentajes es una incógnita que a se despejará tan sólo con el tiempo, y en su éxito o fracaso tendrá una enorme influencia el planteamiento sobre cómo utilizamos ese tiempo.
A día de hoy está claro que el nivel de desempeño en idiomas no puede circunscribirse a un aprendizaje académico de la lengua, y a su evaluación curricular. No hay nada más pesado que tener que aprender para aprobar un galimatías incomprensible, acompañado de los inevitables listados de vocablos.
Todo idioma es una sustancia viva que no sólo se transforma y cambia con el uso, sino que además refleja y contiene la esencia de una mentalidad, de una forma de ver y de encarar la realidad, una cultura distinta de la nuestra. El idioma, por tanto, lejos de ser únicamente un vehículo de comunicación es, y así debe contemplarse, un maravilloso laboratorio de tolerancia y aprendizaje. Difícilmente comprenderé el mundo si no puedo comunicarme con él, pero tampoco llegaré a entenderlo si no comprendo lo que su idioma y sus hablantes desean decirme, con su idioma y sus silencios.
Hernán Cortés se desesperaba al llegar a Centroamérica porque no conseguía imponer su criterio, trasmitir su mensaje, negociar sus condiciones, a pesar de contar con un fraile que había aprendido la lengua indígena. Fue una suerte que al conquistador español le fuera regalada una esclava, una joven indígena curiosa y ávida de conocimiento que aprendió con celeridad el castellano.
Malinalli, pues así se llamaba la india, se convirtió en "la lengua". Malinalli comprendió el poder de la palabra hablada, ya que cada palabra que ella aprendía contenía en sí misma un mundo nuevo, una cultura de siglos que irrumpía en su mundo indígena y virgen de tantos conceptos todavía por estrenar. Malinalli aprendió que es tan importante lo que se dice como lo que se calla, a la hora de llevar a buen puerto un proyecto.
Tal vez en la victoria de Hernán Cortés tuvo una influencia decisiva el hecho de que Malinalli trasmitiera a sus compatriotas que éste era una reencarnación de su dios Quetzalcóatl, su deidad protectora que se auto-desterró prometiendo su regreso. Es posible que fuera ésta la razón por la que Moctezuma se rindió al conquistador sin presentar batalla.
Con ejemplos como este resulta evidente la utilidad que esta comprensión adquiere cuando el idioma se utiliza para fines comerciales, ya que colocar nuestros productos, empresas y servicios en ese mundo plural, exige comerciar y vender, lo cual es al fin y al cabo, "conquistar" a nuestro cliente, ofrecerle soluciones, soluciones a sus necesidades; nuestro potencial comprador debe comprender la utilidad que para él tiene nuestra oferta antes de decidirse a "comprarla". Conocer sus necesidades y formas de pensar no puede hacer sino ayudar y cooperar en nuestras operaciones de ventas.
Sin embargo no es menos evidente su utilidad en cuestiones prácticas. El cine y la literatura nos han regalado hilarantes historias de guiris haciendo el guiri en otros países; y en nuestras calles vemos ya ciudadanos de diversas culturas que, ya de paso bien de forma permanente, conviven con nosotros y se adaptan con mayor o menor soltura a las costumbres y elementos culturales de nuestro país.
Nada más molesto e insidioso que una cuadrilla de guiris en chancletas en pleno Liceo de Barcelona, o comiendo pipas en una iglesia. Nos resulta molesta la bulla de los hooligans celebrando victorias en uno de nuestros bares. Y no hace demasiado topé con un cartel nocturno en un hotel bruselense: "¡silencio españoles!, los demás europeos duermen."
Por eso a mí me gustaría aspirar a que nuestros ciudadanos articulen correctamente y formulen con cierta corrección sus ideas en otros idiomas, pero sobre todo espero que sepan adaptarse y comprender los diversos entornos en los que nos vemos inmersos. Esto es sabiduría antigua y ya en el refranero español se recoge "donde fueres haz lo que vieres", porque hay que saber moverse por el mundo como pez en el agua, y porque sólo cuando la globalización se articula entorno a la diversidad y es reflejo de ella, puede enriquecernos.
Reconocer la diversidad, despertar el placer de conocer y aprender otras culturas y con ellas, sus idiomas, nos permitirá atrevernos a atisbar el sentido de la globalización y su mestizaje. Por favor, no seamos guiris con perfecto inglés.
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