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03 de Diciembre de 2008


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En la actualidad, la comunicación supone un activo, todavía demasiado intangible y cuestionable para muchas empresas, pero muy rentable cuando se saben conjugar adecuadamente todos los factores positivos.
01/09/2008 Área de Divulgación
Vivimos tiempos de transparencias. Transparencia en las costumbres, en los defectos y en las virtudes, en el día a día, en la moda, en las relaciones humanas y por ende, en las empresas. Ocultar resulta cada vez menos rentable porque al final todo se sabe y además, se corre el riesgo añadido de hacer el ridículo. Sin lugar a dudas ha costado muchos años y abundantes esfuerzos mentalizar a los empresarios que su negocio, sea cual fuere su actividad y dimensiones, tiene un potencial "comunicativo" que hay que saber canalizar porque supone un activo, todavía demasiado intangible y cuestionable para muchos, pero muy rentable cuando se saben conjugar todos los factores positivos.
Los medios de comunicación, habitualmente ávidos de información, y las posibilidades documentales que nos brindan las nuevas tecnologías, son dos parámetros básicos que deberemos conjugar hasta encontrar fórmulas de trabajo que nos permitan tener cabida en dichos medios con cierta asiduidad, sin caer en noticias incongruentes que no interesan a nadie o condenados por los propios medios a la lista de "ignorados a perpetuidad" simplemente, por pesados.
Al igual que toda empresa tiene asesores que perfilan y controlan los proyectos de expansión, los objetivos a corto, medio y largo plazo, las inversiones, los planes de marketing y la mejora continua de sus empleados, la comunicación debe ser planificada al milímetro por profesionales que dediquen el tiempo necesario a estudiar qué hay que decir, cómo decirlo y dónde decirlo. Y si bien es obvio que una pyme no deberá seguir las mismas pautas que una multinacional a la hora de comunicar, ambas se estarán equivocando si condenan al silencio sus logros, sus investigaciones, sus conquistas e incluso sus errores, explicando cómo se van a subsanar o qué se ha hecho para remediarlos. Ocultar las crisis a la opinión pública no las reduce, sólo las demora y además, las suele sobredimensionar.
Hay que perder el miedo a salir en el papel impreso, o en las ondas, o en la televisión. Al margen, o mejor, como complemento de nuestras campañas de publicidad y marketing, debemos mentalizarnos de que poner imagen y voz a las noticias que generamos suele darles un valor añadido que nuestros empleados apoyan, nuestros clientes aplauden y nuestra competencia puede llegar a temer. Con transparencia, para seguir el dictado de los tiempos que nos ha tocado vivir, pero sin caer en absurdos protagonismos como estamos empezando a ver. Las ruedas de prensa o los comunicados personalizados con la presencia de responsables de la empresa, buscando una buena cobertura y con un mensaje concreto y documentado pueden ser un esperpento cuando se confunden con un show verbenero.
Como última recomendación quisiera citar la analogía que debiera existir entre un curso, dejémoslo en cursillo por problemas de agenda, sobre riesgos laborares, sobre TICs, sobre RR.HH. , sobre desarrollo sostenible, con otro para" saber estar" en una comparecencia pública ante los informadores. Por suerte, muchos organismos e instituciones tanto públicas como privadas han empezado a ofrecer esas enseñanzas.
Hay que vencer complejos e intentarlo porque estaremos haciendo empresa y sembrando "comunicables": nanocélulas mediáticas que una vez sembradas nunca se sabe si van a germinar. Pero hay que intentarlo ¿o no?
Gonzalo García Escobar,| ir a artículos | recomiende este contenido | acceso a asesoría | versión para imprimir |
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