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03 de Diciembre de 2008


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21/05/2008 Díaz de Neira y Asociados, S.L.
Rotundamente no. Lamentablemente, la suya es una situación que se repite con demasiada frecuencia en el tejido empresarial actual y, aunque siempre resulta difícil modificar hábitos arraigados, merece la pena e incluso es necesario corregir estas tendencias nada beneficiosas ni para las compañías ni para los profesionales que las padecen.
Las reuniones han de convocarse siempre con un objetivo claro, previamente definido y conocido por todos los asistentes cuya presencia, por otra parte, ha de requerirse sólo en el caso de que sea realmente útil al objetivo del encuentro. Planificación y gestión del tiempo con respeto a los turnos de palabra son aspectos igualmente importantes y que determinan en buena medida el éxito de la reunión.
Conviene no olvidar que los compromisos adquiridos y la posible asignación de tareas emanadas de la reunión han de tener un responsable y un plazo de ejecución que es preciso reflejar por escrito y distribuir a todos los asistentes para su seguimiento.
Otro aspecto que plantea y sobre el que sería aconsejable introducir cambios es su grado de intervención y, en suma, de sinceridad. Es bien cierto que el ser humano aprende a evitar el conflicto si cree que lo que va a decir puede generar el rechazo de sus interlocutores. Sin embargo, es preciso asumir responsabilidades y mostrar una actitud valiente, constructiva y sincera. No hacerlo tiene un alto coste tanto para el crecimiento de la compañía como para el desarrollo personal y profesional de quien lo evita.
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