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03 de Diciembre de 2008


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La vida profesional de un directivo a menudo se ve sometida a gran presión, haciendo que sus inquietudes y problemas afecten a la vida familiar y social. Cuando se practica la autotelia, se apunta no sólo a la mejora de la calidad de vida, sino también a la efectividad personal, logrando mayor satisfacción en el mundo laboral.
17/10/2006 José Enebral
Si algunos empresarios y directivos hicieran memoria de su vida profesional, no sabrían si referirse a lo que les había estado sucediendo, o a lo que estaban pensando mientras; y es que quizá el perfil típico del directivo no parece autotélico , de concentrarse en cada tarea y cada momento, sino más bien exotérico, de pensar y actuar tras metas a alcanzar.
Sin embargo, la muy deseable mejora de la calidad de vida en el trabajo pasa, entre otros diversos factores, por una mayor dosis de autotelia profesional: por percibir mejor las realidades circundantes, por seleccionar idóneamente las metas a perseguir, por ordenar la conciencia y abrir paso a la intuición, por detenerse a saborear los logros cotidianos, por vivir, en suma y con autenticidad, el “aquí y ahora”.
Siete virtudes cardinales del directivo autotélico
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