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08 de Enero de 2009


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La gestión actual de una empresa poco tiene que ver con la gestión que se hacía de la misma en el pasado. Tanto a nivel personal como de las organizaciones es preciso realizar una transformación, buscando el compromiso por parte de la organización de obligarse a mejorar de forma constante.
10/04/2007 Mauricio Lefcovich
Estamos transitando por un momento especial de la historia. Un momento de grandes y profundos cambios en lo científico, tecnológico, económico, social, político, cultural, ecológico y demográfico. Cambios que aparte de profundos, son muy veloces. El lugar que en otras épocas ocupaban filósofos, científicos y economistas, hoy es ocupado por empresarios, gurúes y futurólogos. Ello marca sin lugar a dudas el cambio de paradigmas que se está dando en el mundo. Los lugares que ayer ocupaban un Kant, un Hegel, un Heidegger o un Freud, hoy son ocupados por un Bill Gates, un George Soros o un Michael Dell. Ya no cuenta la metafísica ni la antropología, cuenta mucho más la evolución de la Tasa a 30 años o la nueva versión de Windows. En un mundo globalizado los cambios en la tasa libor o en la prime, en el valor del yen, en los puntos del Dow, el déficit comercial de los Estados Unidos o la cotización de Google en la Bolsa de Nueva York determina la cantidad de desocupación, el bienestar de las poblaciones y la competitividad de las empresas.
Si bien el cambio del cual hablamos se viene produciendo desde hace ya un largo tiempo, el proceso se ha acelerado y profundizado, máxime con la velocidad que han tomado las comunicaciones y el gran incremento en la capacidad informática. Los conocimientos se desplazan con mayor rapidez, los procesos de investigación se desarrollan más velozmente, generándose así una espiral de crecimiento elevado a una enésima potencia. Este profundo crecimiento en el saber y las capacidades no está igualmente distribuida, pero esa desigualdad no se da tanto entre países sino más bien entre grupos, a nivel global, que comprenden y entienden las nuevas reglas competitivas, y se ajustan a ellas preparándose con tesón y disciplina, y aquellos otros que si bien hacen un uso estruendoso de los nuevos productos y servicios, sólo atinan a ello, consumirlos. Muchos habitantes del mundo están totalmente alejados de dicho consumo, pero los que sólo atinan al consumo sin participar del trabajo generador están destinados a mediano y largo plazo a sufrir de graves inconvenientes si no cambian su relación con el entorno.
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