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03 de Diciembre de 2008


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Cuando los empleados deben adecuarse a nuevas realidades y a nuevas personas con las que trabajar se enfrentan a una ardua tarea digna de héroes.
29/05/2007 LID Editorial Empresarial
Gran parte de la oferta formativa de escuelas de negocios, centros de formación y universidades (por no decir toda) está dirigida a los que aspiran convertirse en directores de departamentos, responsables de área o consejeros delegados, es decir, está enfocada a aquéllos que van a tener que gestionar personas. Pero, ¿qué pasa con los gestionados? ¿Quién los enseña a ser dirigidos y cómo adaptarse a cada jefe?
Reflexione un momento. Independientemente de la posición que ocupe ahora mismo en la pirámide jerárquica de la organización para la que trabaje, usted es la suma de cuantas culturas corporativas haya vivido.
Supongo que habrá trabajado con superiores herméticos a los que les costaba dar toda la información de que disponían, aún cuando ésta era vital para el desempeño de sus funciones. También los habrá conocido atolondrados, que de tantos datos que le suministraban le decían hasta la marca de dentífrico que usaban cada mañana. Quizá haya pasado por su vida un jefe matrix, es decir, un visionario que ve el código que los demás no ven y que arrastra y arrasa con todo lo que se ponga por delante. A lo mejor ha conocido al directivo robot, que es aquél que no muestra sus sentimientos por nada y que hace dudar al que está a su lado de que le importan las personas. Puede hasta que haya trabajado con una persona de valores, que, incluso, le haya despistado porque rompía los moldes tradicionales a los que estamos acostumbrados.
¿Cómo se ha adaptado a todos y cada uno de los jefes con y para los que ha trabajado? ¿Alguien le recomendó una guía? ¿Venía su jefe con un libro de instrucciones?
Fíjese que todas y cada una de las personalidades descritas exigen una forma de trabajo y de relaciones completamente diferente. Adaptarse a ellas parece una cuestión de ingeniería porque, en cierto modo, ha de construirse a sí mismo cada vez que cambia de jefe. Es como si fuera una torre compuesta por varios pisos, los cuales debe reordenar porque la secuencia que siguen ahora, fruto de su experiencia anterior, no sirve ante la nueva situación, ante el nuevo jefe.
Y lo consigue tras un periodo de adecuación, tras un camino de aprendizaje de sí mismo, sin cursos, ni manuales, ni exámenes, ni profesores. Es por ello que los verdaderos héroes del cambio son estas personas que tienen que moldearse a un ritmo frenético ante un jefe que no espera, que quiere que le entiendas, que estés en su cerebro como si llevases más de un año a su vera, como si nunca hubieras trabajado para nadie más que para él. Si está o se ha encontrado alguna vez en este caso, enhorabuena por su capacidad de adaptación, es una joya que debe exprimir para sacarle todo su jugo.
Helena López-Casares Pertusa
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