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21 de Noviembre de 2008


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El reto de Navarra para los próximos años es incrementar la productividad de su economía, tomando la innovación como factor clave para lograr el éxito, e implantando un sistema de educación adecuado.
06/08/2007 Cámara Navarra de Comercio e Industria
El reciente informe de coyuntura presentado por Cámara Navarra el pasado junio reflejó que Navarra se encuentra en un buen momento de crecimiento económico, destacado en el entorno nacional y también europeo. Que la economía navarra crezca sólo puede ser interpretado de forma positiva, pero no debemos obviar que dicho crecimiento está basado en mayor medida en el incremento del empleo y no tanto en la productividad.
Desde el año 2000, el número de ocupados ha crecido en torno al 3,3% anual y la tasa de ocupación creció casi un 10% en dicho periodo. En cambio, entre el año 2000 y 2006, el crecimiento medio de la productividad real (el valor añadido generado por cada trabajador) para el conjunto de la economía fue del 0,7%. Por sectores, es la industria la que mejores resultados presenta (en torno al 2%), mientras que la productividad real de la construcción y los servicios de mercado presentaron tasas de crecimiento negativas en 2005 y 2006.
Pero, ¿por qué es mejor basar el crecimiento en la productividad que en el empleo? Una razón importante es que, como en el caso de Navarra, la efectividad del empleo queda limitada a medida que la tasa de ocupación se acerca al nivel de pleno empleo. En cambio, el incremento de la productividad no tiene un límite natural, permite el incremento de las rentas salariales y es especialmente importante y necesario para las empresas de sectores maduros donde conseguir ventajas competitivas es más complicado.
El reto de Navarra en los próximos años es por tanto incrementar la productividad de su economía y para ello los expertos destacan la importancia de la innovación. En este sentido es importante reconocer que la innovación es un concepto multidimensional. La innovación puede suponer adquirir tecnología, pero también renovar la idea de negocio, mejorar las capacidades de los trabajadores, vender en nuevos mercados o de manera distinta o establecer nuevas formas de organizar los procesos de producción. Aunque pueden parecer cosas dispares, todas tienen algo en común: implican un cambio en la mentalidad y la cultura tanto del empresario como de los trabajadores.
Para avanzar hacia una verdadera economía de la innovación, basada en la mejora de la productividad, es necesario que los agentes que en ella participan cambien su forma de percibir y entender las empresas, los mercados, sus tareas, responsabilidades o su relación con el entorno, todo ello con el fin de generar mayor valor añadido por unidad de tiempo de trabajo invertida. La tecnología se puede comprar fácilmente, pero lo importante es reconocer que es necesaria y saber cuándo, para qué se necesita y cómo utilizarla de forma eficiente.
Según un reciente estudio del CDTI, las pymes españolas no ven la I+D+i como algo rentable en el largo plazo, y reconoce que el cambio en la cultura innovadora es lento. Sin esta cultura innovadora, la inversión tecnológica no tendrá el alcance deseado. En la misma dirección, expertos de McKinsey abogan por el desarrollo del carácter emprendedor en todos los niveles de la empresa, para lo cual defienden la necesidad de un cambio en la mentalidad y las actitudes.
Por todo ello, el objetivo fundamental de las políticas de innovación debería ser la expansión y difusión de una verdadera cultura de la innovación, ya no sólo a nivel de las empresas, sino de la sociedad en su conjunto. De hecho, Navarra ha dado grandes pasos para mejorar su capacidad tecnológica dedicando cerca del 2% del PIB al gasto en I+D, y sin embargo, la productividad de la economía navarra no ha aumentado al mismo ritmo.
Por ello, destacamos la importancia del sistema educativo para avanzar hacia una "economía de la innovación" y la necesidad de difundir la cultura de la inquietud entre los estudiantes, fundamentando la enseñanza y la formación en unos parámetros diferentes a los actuales. No se trata solamente de mejorar su calidad, sino también su diseño. Ésta es la recomendación que realiza Demos en un informe reciente (www.demos.co.uk/publications/atlasofideas). Este think tank británico destaca la enorme capacidad y potencial de las universidades en India o China y el papel que estos países van a desarrollar en un futuro próximo como polos mundiales de innovación.
Para competir en estos nuevos escenarios, reconoce que países como el Reino Unido deberán disponer de un sistema educativo para la economía de la innovación, basado en el fomento de la inquietud, el carácter emprendedor y la colaboración para la resolución de problemas. Aunque no resulte sencillo, también esto puede ser aplicable a una región pequeña como Navarra y con capacidad para abordar este tipo de medidas, con una perspectiva de largo plazo.
Fernando San Miguel Inza
Cámara Navarra de Comercio e Industria
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