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08 de Enero de 2009


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En un escenario global tan cambiante, dinámico e interdisciplinario como el que nos toca vivir, existe una verdadera y urgente necesidad de líderes en cada campo de actividad. Líderes que puedan gestionar el cambio y crear el futuro. Prepárese para ser uno de ellos.
05/05/2008 Juan Javier Álvarez
Nos encontramos en el inicio de nuestro camino. Antes de poner a prueba las herramientas que nos conducirán al liderazgo, deberemos aprender ciertas reglas, y ejercitarnos un poco. Tenemos algo de tiempo para ello. Cerca de nosotros, otros jugadores ya se preparan, pero eso no debe importarnos. Nos acercamos a nuestro salón de entrenamiento. Allí no hay ningún equipo sofisticado, y a primera vista podría sorprendernos que, en medio de la sala, sólo exista ese espejo de cuerpo entero. Estamos frente a él. Completamente solos. El entrenamiento comienza.
Pero... ¿puede haber algo más absurdo que un salón de entrenamiento totalmente vacío? Cuidado. No hay que anticiparse. Nuestro entrenamiento, como líderes, pasará por la mente. Y es por ello que no precisamos complemento alguno. Salvo, claro está, este espejo. Él nos devolverá nuestra imagen actual como punto de referencia.
¿Qué ve? ¿Logra acaso percibir a nuestro mayor adversario? No, no busque cerca suyo. No es ningún competidor que haya visto cerca, pujando por lograr también el liderazgo. Mire nuevamente al espejo. Le tiene delante de sus ojos. ¿Logra ver sus propios miedos? Tal vez no esperaba esa pregunta, lo sé. Pero en realidad allí reside su peor adversario. En usted mismo. Por ello, lo primero que haremos será mirar hacia nuestro interior, a fin de dejar atrás miedos, preconceptos y prejuicios.
El miedo, como el resto de nuestras emociones, reside exclusivamente dentro de nuestra cabeza. No lo busque en otro lugar, pues está engendrado y alimentado por usted mismo. Si nos damos cuenta de ello, también deberemos admitir que sólo nosotros podemos darle fin. Imagínese ahora que ya no teme lo que tanto le asusta. Mire a su alrededor. El mundo le está esperando (en realidad, siempre estuvo allí, a su alcance, para que usted lo disfrute y llene de proyectos; el problema era que sus miedos le impedían ver eso). Ahora sienta la sensación de libertad que le da su nuevo estado. Los miedos no pueden acabar con usted, si usted no lo permite. Recuerde eso.
Muchos miedos se gestan en nuestra propia inseguridad, fomentada a veces por influencias, comentarios, o hasta una educación que nos dice "Cuidado, no cometa errores". Pero una persona que teme cometer errores, o que teme no poder hacer las cosas que desea, ya ha fracasado. Su miedo anticipó (y consolidó en él) el resultado que tanto temía, sin darle siquiera una oportunidad de lograr el éxito. Le ató al suelo, y no lo libera. Por ello, deberá previamente librarse de sus falsos temores. ¿Que con el correr de los años fracasa en algunos proyectos? No hay nada de malo en ello; todo el que avanza alguna vez se cae. Observe a los niños: para poder caminar, deben caerse algunas veces. Pero no por ello cejan en su empeño. Si así fuese, todavía estaríamos gateando en cuatro patas... Lo importante no es evitar equivocarse, sino aprender de los errores y seguir adelante.
Nadie tiene esa enorme capacidad de hacerle abortar proyectos enteros, como puede hacerlo usted en un abrir y cerrar de ojos. Sus miedos e inseguridades se conjugan con mayúscula. Si les deja obrar, ellos desharán rápidamente todo el camino que usted se empecinó en recorrer. A la primera de cambio, aparecen preguntas como:
Y muchas otras por el estilo. ¿Común denominador? Miedo e inseguridad en estado puro. ¿Pero sabe una cosa? Sólo usted les da vida para que ellos puedan mutilar sus sueños. Recordemos algo: usted ve el mundo a través de sus propios cristales. Y cada persona posee un juego único y personal de cristales. Por ende, unos ven las cosas como una permanente oportunidad, y otros las ven como una crisis constante. Todo depende de lo empañado (o traslúcido) que esté cada cristal. Y es usted quien tiene la potestad de darse cuenta que una cosa es "cómo usted percibe las cosas" y otra muy distinta, "cómo son las cosas en sí".
Se sorprendería si le dijera que muchas cosas en la vida carecen de forma manifiesta, y que cada uno de nosotros las impregnamos con nuestros preconceptos y paradigmas. ¿Hay que cambiar las cosas? A veces basta con cambiar la manera en que las percibimos. Si esa manera cambia, y logramos despejar nuestros preconceptos, muchos miedos huirán por la ventana.
Para demostrar esto, nada mejor que analizar cada una de las preguntas temerosas que enunciamos líneas atrás, y ver si tienen realmente sustento.
¿Acaso se cree inferior a alguien que a su juicio, sí lo lograría? Usted no es inferior a nadie. Pero lo será si comienza a pensar en forma negativa. Si lo hace, cortará las alas a cualquier forma de resolver problemas que se le pueda ocurrir. ¿Por qué, en vez de hablarse a sí mismo de una manera tan negativa, no prueba con: "¿Qué herramientas me hacen falta para lograr lo que deseo?" Y se pone manos a la obra para obtenerlas. Sin excusas, y sin descanso.
¿Lo sabe? ¿Acaso ha probado desempeñarse en ese rol? ¿Habla por experiencia propia, o tan sólo por "lo que cree"? Si nunca puso las manos en la masa, no puede asegurarlo. Y si alguna vez falló al intentar hacer algo, ¿qué le hace pensar que volverá a cometer los mismos errores del pasado? Porque de los errores se aprende, y mucho. Usted se supera a sí mismo merced a que prueba algo, comete errores, aprende de ellos, y continúa adelante.
A usted debería importarle, en primer lugar. Lo esencial es hacer las cosas bien, con todo nuestro corazón puesto en ello, independientemente de que a otro le importe. Ya vimos la inconsistencia de vivir comparándonos con los demás, o de depender exclusivamente de su juicio. ¿A usted le importa? Bravo. Adelante, a toda máquina.
Y de seguro, peores. ¿Y eso qué? Lo importante es que usted sea bueno en lo que hace, que lo haga con pasión, y que disfrute haciéndolo. Una persona que cumple estos tres requisitos inspira a otras, y logra muy buenos resultados. Eso es lo que cuenta.
Quien nada hace, jamás fracasa. Pero tampoco nada consigue. Si usted fracasa, aprenderá de los errores que cometió, y en la próxima oportunidad que tenga, logrará el éxito. ¿Ve el valor de un fracaso? Así es: aprender, aprender siempre. Muchos líderes del mundo de los negocios, la cultura, los deportes o la política han logrado llegar a donde están merced a múltiples fracasos. Porque fracasar no es el problema. Qué hacer con el fracaso es el verdadero problema. Quien utiliza el fracaso como un maestro que le ayuda a mejorar, y continúa avanzando (esta vez con mejores armas) llegará al éxito. Quien, por el contrario, sucumbe en él, está perdido.
Para seguir con lo que se propuso, debe dejar atrás miedos e inseguridades tontas que le atormenten. Aprenda a cambiar de cristales para ver correctamente la realidad. Pregúntese siempre: Los que ahora tengo, ¿me sirven, me ayudan a crecer y evolucionar? O por el contrario, ¿me llenan de inseguridades y prejuicios absurdos?
Porque no sólo sus temores le anclarán innecesariamente. Su manera de ver la vida puede hacer lo propio. Analicemos juntos algunas suposiciones, aceptadas por la mayoría como ciertas, a pesar de que se demostró hace tiempo que dejaron de serlo.
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