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08 de Enero de 2009


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Somos plenamente conscientes de que, habiendo atravesado la economía española un periodo de crecimiento durante casi veinte años por encima de la media europea, empezamos a percibir señales de nuevos vientos que implican la necesidad de que las organizaciones se muevan para garantizar su supervivencia.
10/06/2008 Improven Consultores
La reflexión que en este artículo me ocupa va encaminada hacia pensar en los motivos que hacen que muchas de estas organizaciones no se "muevan" y/o no "muten", como si no ocurriera nada, hasta que entren en situaciones límite y de este modo lleguen a condicionar tanto su rentabilidad como su supervivencia. Esto nos recuerda el cuento del avestruz, que en presencia del león venido para devorarla elije, en lugar de salir corriendo a tiempo en la mejor de las elecciones, ocultarse y mantener la cabeza en el agujero pensando que el león pasara de largo y no le ocurrirá nada...
¿Qué va a pasar en la medida que la situación económica actual siga deteriorándose de tal modo que la demanda pueda llegar a "congelarse" o "decrezca"?
¿Por qué nos encontramos tantas pymes con rentabilidad económica mediocre y equipo humano con baja motivación e identificación con su empresa?
¿Por qué no se toma acción AHORA que estamos a tiempo de poder efectuar cambios de manera controlada y no cuando se deban de hacer de forma traumática?
¿Quiénes tienen que tomar la decisión y porqué no la toman?
¿Qué hace falta que pase para actuar?
Identificamos tres palancas básicas que nos "mueven" a todos a hacer que las cosas ocurran y que agrupan el conjunto de acciones que se desarrollan en la empresa de forma consciente o inconsciente para que así sea. Los tres tipos de motivaciones hacen referencia a tres conceptos básicos:
Quien tiene la capacidad de hacer que las cosas cambien (levantar la cabeza en vez de meterla en el agujero) en todas las empresas es el Consejo de Administración, que a través de la Dirección General transmite al Equipo Directivo la voluntad de hacer las cosas de un modo distinto. En muchas pequeñas y medianas empresas, estos tres eslabones jerárquicos y tan necesariamente diferenciados en la empresa se encuentran muy entrelazados debido a las propias dimensiones de la misma, al bajo nivel de profesionalización y a su carácter familiar en la mayoría de los casos. Al mismo tiempo, en este tipo de entornos empresariales, es habitual encontrarse que las habilidades de los individuos están mucho más relacionadas con el conocimiento técnico del negocio (base de la operatividad de la empresa) y no tanto con los conocimientos y habilidades gestoras y directivas. Esto repercute en una menor capacidad para entender e interpretar los síntomas que se presentan, una más difícil confrontación de pareceres e ideas que enriquezcan las que puedan aparecer (escaso caldo de cultivo) y por ende las más que reducidas posibilidades de levantar la cabeza a tiempo para elegir el camino a llevar y que no sea el destino el que guíe el rumbo de la empresa, con altos riesgos de que acabe absorbida, saldada o reducida en sus actividades.
Pero, ¿por qué no se cambia? Pensando que son las personas, quienes se enfrentan en el día a día de la organización, quienes la hacen andar y quienes toman decisiones, se deja de actuar por diferentes motivos que están totalmente relacionados con cada una de las tres palancas anteriores (bolsillo, cabeza y corazón) y que acaban conduciendo al conformismo y al inmovilismo.
En primer lugar y en lo que respecta al bolsillo, el ser humano por naturaleza protege lo que posee y por lo tanto tiene aversión al riesgo y a cualquier posibilidad de perder lo que tanto esfuerzo le ha costado alcanzar. En segundo lugar, planteamientos referidos a no querer hacer las cosas de un modo distinto, no reconocer carencias en habilidades y conocimientos para plantearse reaprender, no modificar los hábitos que nos dan seguridad y que además nos han ido bien en el pasado, no asumir planteamientos distintos a los propios entendiéndolos como una pérdida de poder o de capacidad, están totalmente relacionados con la palanca cabeza y con la voluntad de no querer afrontar la necesidad de cambio. Finalmente lo que más humanos nos hace, el corazón. Tener miedos por las implicaciones de nuestras decisiones sobre las personas que están y que han crecido con uno mismo y provenientes de los diferentes entornos: familiares, trabajadores, clientes y proveedores.
Es humano el no actuar hasta que uno se siente presionado y así tener una excusa a sus decisiones, y supone un esfuerzo muy importante así como una gran capacidad de extracción personal el levantar la cabeza para entender cual es nuestra responsabilidad empresarial y así tomar las decisiones que se entienden buenas para la empresa y sus personas, por encima de todos los "intereses" de los individuos que la conforman. Es absolutamente necesario ser capaz de ejercer esta responsabilidad y rodearse de las personas adecuadas que le ayuden a uno a no tener que afrontar este paso solo, de modo que actuemos con la menor presión posible (sólo la que nos autoexijamos), que tengamos tiempo para medir, evaluar y pensar la que entendamos como mejor decisión (sabiendo que esta no es única) de modo que alineemos el mayor número de esfuerzos y acciones en poder alcanzarla. Así, seremos capaces de ir mutando poco a poco y en función de nuestras decisiones y no "forzados" por elementos externos que además nos puedan conducir a decisiones sin salida (desaparición, escisión, saldo, absorción,...). Es importante ser conscientes que está en la mano de cada uno elegir cual es el camino y que es imprescindible rodearse de buenos compañeros de viaje que ayuden a dar luz cuando se pueda ver todo oscuro aún no teniendo la cabeza en el agujero del avestruz. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar", mucha suerte en el que elijas.
Sergio Gordillo
Improven
Director de Proyecto
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