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01. Documentación

Artículos

Ganar

Para alcanzar el éxito empresarial es necesaria una actitud ganadora y visualizar el éxito.

24/06/2008 Díaz de Neira y Asociados, S.L.

Aunque suena presuntuoso e incluso hace temblar los principios de toda buena fe que se precie, ganar, máxime en términos empresariales, debe ser siempre el objetivo.

El considerado "ejecutivo más admirado del mundo", Jack Welch, ilustra esta idea en su best-seller "Winning" (Ediciones B, 2005), muy recomendable para aquellos que, según sus propias palabras, "tengan ambición en la mirada y pasión en las venas", independientemente de cuál sea su lugar en la organización empresarial.

Welch, tras cuarenta exitosos años al frente de General Electric, gran conferenciante y orador, expone en esta obra sus claves para el éxito, en los negocios y fuera de ellos. Lo hace de una forma clara y enérgica, con principios tan básicos y simples que uno se siente abrumado de su sencillez si ha tenido antes la oportunidad de asomarse mínimamente al entorno empresarial más cercano, donde complejas teorías estratégicas y anglicismos constantes se empeñan en enmarañar lo que probablemente contribuye en mayor medida al éxito y que son los valores que se defienden a lo largo de este libro.

"Menos palabras y más actos" es, así, el contundente mensaje con que Welch nos acerca al primero de los cimientos empresariales: la definición de la Misión.

Con demasiada frecuencia este es un ejercicio cuyo resultado termina siendo una bonita frase que figura en una placa del vestíbulo de la empresa, pero cuyo objeto arrinconan de inmediato incluso los dirigentes que la exigieron y aprobaron. Al contrario, una buena misión es responsabilidad de la dirección de la compañía y debe ofrecer a todos una dirección clara y precisa que guíe su toma de decisiones, cualquiera que sea su ámbito de responsabilidad, y les haga sentir partícipes de un proyecto compartido.

Sugiere Welch no hacer de la definición de la misión una cuestión de profundas reflexiones, pero sí un ejercicio de descripción de fortalezas y debilidades de la compañía para determinar en qué lugar del entorno competitivo situarse a fin de obtener beneficios, o dicho de otro modo, de ganar. La pregunta: "¿Cómo nos proponemos triunfar en este negocio?" habrá de tener respuesta en la misión definida, pero también en los valores, en los principios que rijan la conducta de todos los miembros de la organización. La elección de los valores requiere un alto nivel de participación: cuanto mayor sea la involucración del personal en el proceso tanto más se sentirá después dispuesto a defender los valores elegidos y a comprometerse con ellos.

Valores como "confianza" u "orientación a resultados" son tópicos de fácil enunciación, pero de escasa o nula aplicación práctica: los valores han de concretarse y desarrollarse mediante la identificación de una serie de conductas concretas que conviertan el valor definido en un hecho real y observable.

Finalmente, todo el esfuerzo realizado para una correcta elección de conductas no habrá servido de nada si los valores no se fomentan. Fomentar los valores supone para Welch la recompensa y castigo para quienes en el seno de la organización los respetan y no los siguen, respectivamente. Probablemente por obviedad el maestro no hace referencia en su obra a la necesidad de que los valores sean predicados con el ejemplo, siendo los responsables de la empresa los máximos responsables también de respetar y proceder insistentemente según estos principios.

Misión y valores deben "reforzarse mutuamente", han de ser coherentes y complementarse en su propósito de marcar el camino que conduzca al objetivo y establecer las bases de cómo hacerlo.

Con estos cimientos propone Welch iniciar el camino del éxito. Ganar es un objetivo de consecución ardua y no exenta de complejidad y de numerosos matices; un propósito donde las personas lo son todo y en el que la elección y retención de los mejores, su compromiso y actitud positiva, deben asentarse sobre una base sólida y compartida que se fundamenta y refleja en la misión y los valores elegidos.

Dice Welch que "Ganar regenera todo lo que toca" y "hace del mundo un lugar mejor" porque "si las empresas ganan la población prospera y crece. Hay más oportunidades para todos en todas partes. Las personas se sienten optimistas sobre su futuro; tienen recursos para enviar a sus hijos a la universidad, pagar una buena mutua médica, comprar una segunda residencia y tener una jubilación cómoda y segura. Ganar también les ofrece la posibilidad de devolver tales ganancias a la sociedad de formas muy importantes".

Personalmente no puedo estar más de acuerdo y tal planteamiento constituye para mí una magnífica razón de ser y de actuar en sí mismo.

Sería útil reflexionar acerca de por qué ganar es hoy un concepto casi menospreciado, que algunos nos planteamos como objetivo de manera incluso pudorosa porque parece entrañar connotaciones individualistas y ambiciosas, porque parece conllevar actitudes egoístas y comportamientos interesados, porque parece comportar irremisiblemente que el fin justifica siempre los medios.

Lo que Welch plantea en estas páginas es un camino al éxito donde "triunfar con juego limpio y según las reglas" es una premisa indispensable, donde las empresas y las personas que no compiten honradamente no merecen el triunfo.

Puede parecer que en nuestra realidad son numerosos los casos que vulneran estrepitosamente este precepto y suelo pensar que, sencillamente, quienes los protagonizan no serían capaces de alcanzar de otro modo y por méritos propios esta forma efímera de éxito. Son aquellos cuyos misión y valores figuran obsoletos e inútiles expuestos en una lujosa placa del vestíbulo de las empresas que dirigen.

EM.López Apastegui

Dirección Desarrollo de Negocio

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