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21 de Noviembre de 2008


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Durante los últimos años en la Comunidad Foral hemos conocido un nivel de bienestar y desarrollo sin precedentes. En la actualidad se nos presenta el reto de mantener el progreso económico alcanzado.
13/10/2008 Cámara Navarra de Comercio e Industria
Navarra ha experimentado en los últimos años un desarrollo como no había conocido durante un periodo tan largo de tiempo. Tasas de crecimiento del PIB superiores al 3% durante prácticamente todos los años, e incluso crecimientos por encima del 4%, apertura al exterior continuada, tasa de desempleo mínimo (tasa de paro natural), elevada creación de empleo y aumento de la población activa, en paralelo a unas cuentas públicas saneadas. En definitiva, un favorable panorama.
No obstante, la pregunta que nos hacíamos, ya durante esta situación, y en mayor medida, si cabe, ante la nueva coyuntura económica, es la evolución de nuestra economía en el medio y largo plazo, y si estaremos en disposición de mantener los niveles de riqueza y bienestar alcanzados. Es decir, qué modelo productivo necesitamos para mantener el progreso de la economía de nuestra región, y poder gozar de buenos indicadores desde el punto de vista económico.
Buena parte de la situación que describíamos ha sido similar a nivel nacional. De hecho, construcción y servicios han destacado, tanto en Navarra como en el resto de España, como las actividades que han generado un mayor crecimiento del empleo. En concreto, el sector de construcción ha sido el motor de muchos de los sectores de actividad, y, podríamos decir, de la economía en general, y su evolución en los últimos años ha contribuido en gran medida a estos índices de bienestar. Asimismo, el desarrollo inmobiliario ha multiplicado la riqueza de muchos ciudadanos, al ver cómo sus propiedades crecían de valor. Este boom de la construcción ha permitido, por tanto, mantener el crecimiento del producto y el empleo, aplazando la necesidad de resolver los problemas estructurales de nuestras economías.
Parte de los retos que tenemos por delante son compartidos con el resto de España: mejora de la productividad, necesidad de una mayor incorporación de la tecnología en nuestros productos y servicios, desarrollo de I+D…, pero precisamente, nuestro buen hacer pasado, nuestro tamaño, autonomía de gobierno y situación actual nos hacen creer que podremos tomar la delantera.
Parece claro que las fórmulas que nos sirvieron en el pasado dejan de ser válidas a futuro ante el cambio constante; ya no somos una economía de mano de obra de buen precio, ya no podemos diferenciarnos apoyándonos únicamente en las fortalezas pasadas - producción industrial con buena relación calidad precio, desarrollo del sector de automoción... No obstante, no podemos minusvalorarlas; precisamente, gracias a ellas, estamos hoy donde estamos, y gracias a ello podemos trabajar en la viabilidad económica futura de la región, si bien, debemos disponer de alternativas ante posibles descensos de actividad en sectores maduros.
No es la primera vez que tenemos ante nosotros un reto semejante. Ya en los años 60, el trabajo conjunto de empresas y administración en el Plan de Promoción Industrial sirvió de catalizador del fenómeno industrial, una realidad que se hubiera producido tarde o temprano, y que supuso un importante desarrollo industrial a partir de una región basada en el modelo agrario. De hecho, la implicación de un equipo de personas fue clave ante este cambio de modelo que nos ha convertido en una economía de marcado carácter industrial.
Ahora debemos afrontar un modelo postindustrial, basado en el conocimiento. Más cerca de economías como Reino Unido o Francia, frente a competir en costes, donde el precio de nuestra mano de obra dista de la de los nuevos miembros de la Europa del Este. No se trata en este caso de apostar por una economía del conocimiento en "contra" de una economía industrial, sino más bien de conseguir una economía de base industrial enfocada a productos de alto componente tecnológico, que se adapta perfectamente a las características de los recursos que tenemos. El propio desarrollo del sector eólico en Navarra es, sin duda, un ejemplo de hacia dónde debemos ir. Se trata de desarrollar un conjunto de líneas estratégicas que aseguren el desarrollo futuro a partir de la situación actual –teoría de clusters- y en función de a dónde nos queremos dirigir –nuestra visión de la región a futuro-, y ponernos a trabajar en ellas.
¿Seremos capaces de conseguirlo? Desde el Gobierno de Navarra confían en ello. El proyecto MODERNA desarrollado actualmente por el Departamento de Economía y que se va a presentar próximamente es una clara muestra de esta apuesta. Sólo queda por ver si podremos conseguir ese equipo de personas que verdaderamente se involucren en ello. Apuesto a que sí.
Amaya Erro
Doctora en Economía
Directora de Soluciones Empresariales
Cámara Navarra de Comercio e Industria
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