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08 de Enero de 2009


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El presente artículo le permitirá conocer las causas de la profunda crisis económica que estamos padeciendo en la actualidad, y las consecuencias que generará en un futuro el sector económico mundial.
19/11/2008 Cámara Navarra de Comercio e Industria
Cuando usted lea este artículo, la crisis financiera ya habrá escrito otros capítulos de gran interés. Es muy probable que mientras esté inmerso en la lectura algo nuevo haya sucedido. Nunca antes el flujo de noticias, medidas y datos había sido tan intenso. La globalización y las nuevas tecnologías están permitiendo que la velocidad con la que se suceden los capítulos de la crisis, y con la que nos enteramos de los mismos, sea muy elevada. Por este motivo, cualquier artículo de coyuntura se queda obsoleto mientras se escribe. Ésta es la razón por la que he preferido extraer algunas de las claves y enseñanzas de la actual crisis financiera.
El origen de la crisis se encuentra en el incremento de la liquidez, ocasionado por una combinación de tipos de interés en niveles reducidos y elevado ahorro en los países emergentes, que ocasionó una infravaloración del riesgo y una sobrevaloración de activos. El desconocimiento del riesgo asumido y la propagación silenciosa del mismo entre los agentes propició un elevado nivel de apalancamiento. Esta situación se produjo por la existencia de una regulación laxa, el surgimiento de innovaciones financieras y el desinterés generalizado en frenar una etapa excepcional de expansión global. El círculo virtuoso parecía favorecer a todos, se incrementaban los ingresos en las arcas públicas, las cuentas de resultados y los precios de los activos de ciudadanos y empresas. De nuevo, como en expansiones anteriores, se empezaba a pensar que nos encontrábamos ante un nuevo paradigma de crecimiento para la economía mundial y que nunca más observaríamos recesiones bruscas. Ésta era la base sobre la que se estaba fraguando la crisis global.
El detonante de la crisis se encuentra en los impagos de las hipotecas de alto riesgo. El entramado que se había tejido ocasionó que se desataran unas pérdidas en cadena entre una serie de agentes que desconocían su nivel de exposición a activos de alto riesgo. Las dificultades de algunos agentes desencadenaron un contagio entre productos financieros. La falta de transparencia y el desconocimiento de las pérdidas que las distintas entidades estaban sufriendo originó una parálisis en los mercados y una restricción de crédito para la actividad no financiera.
En esta situación, la rueda empezó a girar en el sentido no deseado. Paulatinamente se fueron acentuado las pérdidas, la crisis de confianza, la aversión al riesgo, el endurecimiento de las condiciones de crédito, el bloqueo en los mercados de capitales, la pérdida de precio de los activos, la capacidad de compra de los consumidores, etc. La situación para la economía financiera se complicó enormemente pero también se enrareció la economía no financiera.
Sabemos que los impactos sobre el empleo y la producción son más profundos y duraderos cuando la desaceleración está precedida de una crisis financiera. También se observan mayores efectos cuando las crisis se inician en un país central en el sistema como es Estados Unidos. En este caso, se dan ambas situaciones. La inercia del proceso nos lleva a una sobrereacción en el sentido contrario. Las condiciones adversas se han hecho más evidentes en el sector financiero y por ahora dificultan concentrarse en los problemas del resto de sectores. El retraso con el que se observan las consecuencias en la economía real es más elevado; sus efectos también son más duraderos.
Los dramáticos esfuerzos de los países desarrollados por poner suelo a la caída han dado lugar a medidas sin precedentes. Coordinación de políticas económicas y de apoyos entre los países desarrollados, actuaciones concertadas de los Bancos Centrales, respaldo público al sistema financiero, incluso mediante privatizaciones o facilitando la compra por bancos extranjeros; son algunos ejemplos de actuaciones que hace escasamente un año eran impensables. Nadie está seguro de que tengan los efectos deseados ni de que sean suficientes, sólo sabemos que van en la buena dirección. Aunque seguiremos observando nuevos episodios de la crisis financiera actual, el final está cada vez más cercano.
Cuando esta crisis acabe, se habrá reestructurado el sistema financiero internacional. Habremos desarrollaremos mecanismos contracíclicos para el sistema financiero, probablemente en línea con el que opera actualmente en la economía española, que frenen las espirales de euforia y de pesimismo. Se ampliará el control y la supervisión del sistema financiero incrementándose la regulación y las exigencias de transparencia. Será necesario un nuevo marco de relaciones multilaterales para garantizar la estabilidad financiera a escala global. También observaremos consecuencias sobre el comercio mundial; existe un riesgo de rebrote del proteccionismo y de intervencionismo paralizante.
Frenar la caída de la confianza y las restricciones de crédito derivadas de la crisis financiera supone un primer paso, pero habrá que dar más. No cabe duda de que ya se han dado cuenta los responsables públicos de la gravedad de la situación y de que se están tomando iniciativas atrevidas que pueden ayudar a conseguir este objetivo. Sin embargo, tenemos muchas dificultades en la economía no financiera. Los efectos negativos ya se han iniciado y se recrudecerán en los próximos meses. El incremento del desempleo, el cierre de empresas, la reducción del consumo o el incremento del déficit público son manifestaciones evidentes de los efectos tan importantes que esta crisis está teniendo en la actividad. Para el sostenimiento y despegue de la economía financiera es necesario un sustento de la economía real. Las actuaciones se han focalizado, como es normal, en el sector financiero, sin embargo, no deberíamos desatender al resto de actividades para apoyar el crecimiento y la recuperación sobre bases sólidas.
Muchas empresas y trabajadores están sufriendo severos ajustes derivados de la crisis. Sus proyectos y actividades son rentables y se han vuelto insostenibles por la falta de liquidez. La recuperación del sector financiero puede producirse en el año 2009, pero sin el soporte necesario el sector real puede permanecer con dificultades importantes mucho más tiempo.
Juan de Lucio
Director del Servicio de Estudios del Consejo Superior de Cámaras
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