12 de marzo de 2010
Habrá que desarrollar otros potenciales, mejorar hacia adentro, y entre ellos está el conocimiento, una poderosa inversión.La formación es una gran estrategia interna que, si se desarrolla correctamente, hará que la empresa avance, aún con la crisis.
3 de febrero de 2010
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Estamos sumergidos en algo ordinariamente denominado crisis, concepto generalista y etéreo que, salvo otras noticias de interés general, permanece constantemente en boca de todos. Se dice que la palabra crisis alberga en algún idioma los conceptos de "peligro" y de "oportunidad". Los peligros ya los conocemos. Por ello las empresas han empezado a reducir costes en favor de la supervivencia, al menos inmediata, y en detrimento de muchos elementos que coexistían en ella.
Estas se habían dispuesto para navegar con "viento a favor", pero nadie quería asumir que tarde o temprano llegaría el momento de luchar contra un enemigo olvidado. Ha sido ilógica nuestra pasividad cuando nos hablaban de "burbujas económicas" y no hemos reaccionado hasta que ha llegado la crisis con la misma virulencia que un fuego arrasa el monte. Muchos se lo siguen aún sin creer: algunos, porque aún no les "ha tocado", y otros, porque siguen pensando que se puede "gastar más de lo que uno gana".
Ahora llega el momento de corregir, de enderezar el rumbo, con herramientas como los planes de estimulación económica, de los recortes de gastos. No es inusual oir que "todo aquel que sobreviva a la crisis saldrá reforzado", pero ¿cómo se sobrevive a una crisis como esta? Todas las empresas han establecido estrategias de inversión de futuro pasando inexorablemente por un exigente control de coste, siguiendo aún el patrón del recurso "euro" y no considerando el recurso "humano". Es por ello que ya que es difícil crecer hacia fuera, habrá que desarrollar otros potenciales, mejorar hacia adentro, y entre ellos está el conocimiento, una poderosa inversión que ni la peor de las crisis nos podrá despojar.
Es sabido que externamente a las empresas la crisis económica y la demanda de más formación van unidas, notándose en ámbitos como la Universidad o la FP. Es evidente que también las empresas deben participar a base de formación especializada, con el objetivo de mejorar en la competitividad y en la profesionalización de sus trabajadores. Es necesario buscar aspectos formativos que no sean redundantes, monótonos o excesivamente tecnificados; que el trabajador se encuentre en foros formativos que le hagan participar y mejorar con contenidos pedagógicos más sugestivos, convirtiendo así la formación en prevención en un proceso atractivo, lo cual es imprescindible para que el trabajador sepa enfrentarse a los riesgos posibles de su puesto o función (formación "teórica y práctica" que exige la LPRL).
Adicionalmente, en épocas de crisis han de buscarse formas de enseñanza que faciliten el acceso al empleo en el peor de los casos, de forma que esta formación enriquezca el conocimiento y establezca las diferencias necesarias en momentos de tensión, como sucede ante los EREs, pudiéndose integrar con más garantías en el mercado laboral. Sepamos ver una oportunidad para que los recursos humanos puedan participar de la supervivencia de la empresa. Un buen liderazgo en las empresas debe saber identificar en la formación esa oportunidad y adelantarse al futuro. Formar para aprender es invertir en innovar. Y la ventaja competitiva frente al resto se podrá conseguir exclusivamente mejorando el aprendizaje. La formación es una gran estrategia interna que, si se desarrolla correctamente, hará que la empresa avance, aún con la crisis.
Pero ¿cómo se puede formar y gastar menos? ¿es verdaderamente la formación una oportunidad durante la crisis? Existen herramientas como la formación a distancia vía Internet, el conocido e-learning, que es una solución aceptable para ámbitos formativos en los que se requiere conocimiento, pero no una práctica exigente como es el caso de la prevención, y donde la propia LPRL exige formación teórica y práctica. Por lo tanto, habrá que ver el "gastar menos" como una inversión a futuro, de forma que se realicen modalidades formativas beneficiosas para la empresa y el individuo. Por tanto, debemos coincidir en que es necesario incrementar la formación, dotarla de mayor calidad (la LPRL exige que la formación sea "suficiente"), personalizarla más y hacerla más útil para el desempeño del puesto de trabajo (la LPRL exige que la formación sea "adecuada" a los riesgos). La formación variará en base a la complejidad y peligrosidad del trabajo, así como de la cualificación y características personales y profesionales del trabajador, debiendo ser adaptada a la persona, apropiada, y en tiempo suficiente para su entendimiento y comprensión.
Las empresas deberán incrementar sus presupuestos en formación, no sin la ayuda e incentivo de la Administración respecto de las aportaciones previamente realizadas, apostar por hacerla más continuada y no sacrificarla en detrimento de una insostenible producción. Es la forma de mirar con optimismo el siguiente ciclo económico y ser capaces de soportar posibles crisis futuras. Otra forma de oportunidad es el hecho de que la crisis está empezando a producir cambios socio-culturales. Será necesario desarrollar nuevas habilidades y afrontar nuevos modelos en que la formación sea la principal característica del capital humano. Así habremos de empezar a aceptar que la no prevención es inasumible, no hay excusas respecto de la seguridad y salud en las empresas. Hay que aprovechar para extender la cultura de la prevención, aplicar la Estrategia Española de Seguridad y Salud, y uno de los muchos frentes, el de la formación en PRL, debe permitir reducir definitivamente las alarmantes estadísticas de siniestralidad. Pero las empresas siguen teniendo miedo a invertir en formación, arrastradas por el pesimismo en tiempos difíciles. Si la situación fuera la inversa, ¿podríamos prescindir de la formación? La respuesta sería inmediata. ¡Tampoco! Mientras se estaba en tiempos de bonanza, la formación se orientaba a mejorar el rendimiento de cada recurso y sus habilidades. Ahora que toca "apretarse el cinturón", paralizamos la poca formación que se desarrollaba en las empresas. Precisamente, debe ser al revés. La formación es un medio que hay que explotar, mas aún si cabe en estos momentos, para la mejora de la competitividad y profesionalidad del trabajador, para su motivación, para que se vea que las empresas mantienen un compromiso con las personas que integran su organización.
Ahora es cuando las empresas deben sacar lo mejor de las personas que las integran, para salir adelante, y por lo tanto intensificar la formación es un requisito capital. También es una forma de mantener activo al trabajador mientras se invierte en futuro (no se debe ver como un gasto). Pensemos en positivo: esta crisis no va a durar eternamente. Se deben afianzar los puestos de trabajo, siendo auténticos líderes en la adaptación de las empresas a las nuevas circunstancias para afrontar con garantías las venideras, y todo ello pasa por reforzar los recursos humanos disponibles. Lo que en términos económicos se llama "empleabilidad", pasa por mejorar la formación. Nos toca reflexionar.
Ruben Arteaga, responsable de Área Técnica en Álava de Sociedad de Prevención de Mutualia
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