18 de marzo de 2010
Al contrario de lo que piensan algunos empresarios, sobre todo en grandes organizaciones, aplicar la risa y el buen humor, lejos de ser una pérdida de tiempo, es una baza que nos hará obtener muchos beneficios.
9 de enero de 2006
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Esta afirmación que si bien es totalmente sensata y que a nadie se le ocurriría discutirla, tiene una parte en su enunciado que puede llevar con suma facilidad a interpretaciones equivocas, dependiendo de quien pueda llegar a formularla. Por lo general las personas que la utilizan con frecuencia, suelen ser personas que piensan que reír es perder el tiempo, que no tomarse las cosas en serio, es sinónimo de falta de respeto, de falta de madurez, de falta de inteligencia.
Lamentablemente, muchos directivos, en el intento de encubrir su incapacidad para gestionar las relaciones humanas, y el sentido del humor, incumplen su deber como líderes, de crear un entorno feliz, favorable, fecundo, fantástico, fascinante… que haga posible el crecimiento, la cohesión, la confianza, la colaboración, la comunicación… adecuada entre las personas que trabajan en su organización. Con demasiada frecuencia se olvida el reconocimiento sincero, promover la satisfacción en el trabajo, la creación de entornos facilitadotes de la comunicación y el buen clima, e incluso las cosas más elementales de convivencia como son: el cariño, la amabilidad, la calidez, la amistad, por considerarse “muy bonitas” pero poco rentables.
Como consecuencia de esto, cada día son más frecuentes las enfermedades profesionales, y los accidentes de trabajo debido a la desmotivación, la apatía, la depresión, el estrés, la baja moral, la ansiedad, la falta de concentración, los miedos, la depresión inmunológica, que son las responsables de casi la totalidad del absentismo laboral, la falta de comunicación, la desconfianza, el desánimo, y lo que se ha descrito como el síndrome de las personas “quemadas”.
Si no nos convencemos de que es necesario cambiar las viejas creencias, de los planteamientos que describía Douglas McGregor sobre la “teoría X”, que muy lejos de estar superados en la actualidad sieguen rigiendo en la mente de muchos de nuestros empresarios y directos, una actitud desconfiada que conduce a suposiciones del tipo de: que el trabajo es un castigo del señor que tenemos que sufrir, que la gente se rige por a ley del mínimo esfuerzo, que el dinero es lo único importante, que la creatividad es solo patrimonio de los directivos, que a los trabajadores hay que manipularles y dirigirlos…Este tipo de creencias conduce a establecer rígidos sistemas de normas y procedimientos encaminados al control del rendimiento, y todo lo que hace el personal.
Por el contrario si realmente creyéramos, en la certeza de la “teoría Y”, estaríamos convencidos de que el trabajo puede ser interesante y gratificante por si mismo, que las personas buscan su crecimiento y su autorrealización a través de las actividades que desempeñan, que las personas desean aprender y crecer, porque ello les da seguridad y la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y nuevas experiencias, que la responsabilidad es motivadora en si misma cuando ésta puede ser asumida con seguridad y competencia, que todo el mundo posee un “genio” en su interior y una opinión genuina que merece ser escuchada, que cuanto mejor se trate un trabajador, cuanto más cariño se le dé, cuanto más cálido sea el entorno donde se desenvuelve, mayor será su deseo de realizar correctamente su trabajo, y mayor el orgullo de pertenecer a ese departamento y esa organización.
Como ocurre con los grupos humanos, las culturas empresariales pueden ser rígidas o flexibles, autoritarias o democráticas, lúcidas o perturbadoras, agradables o antipáticas. Hay empresas tímidas, con complejo de inferioridad, empresas con delirios de grandeza, algunas que viven en la luna y otras que están locas de atar. El humor y la risa se están perfilando como excelentes herramientas para mejorar la productividad y el clima laboral de cualquier tipo de empresa o negocio. Algunas empresas ya, han incorporado a sus procesos de selección de personal, pruebas psicotécnicas donde miden el sentido del humor de los aspirantes y su capacidad para reírse.
Una de esas empresas, la estadounidense Pike Place, el mercado más famoso y gigantesco del mundo de Seattle y que es descrito en el conocido libro de “Fish” , según la publicación más visitada y célebre del mundo, relata que los empleados abrazan a sus clientes, cantan y hasta lanzan los pescados por los aires antes de envolverlo. Más allá de este ejemplo, lo que se ha comprobado es que trabajar en entornos en los que se favorece la cultura de la risa y del buen humor, se permiten o promueven las bromas la espontaneidad y a la creatividad, esta genera un mejor clima laboral una reducción drástica del absentismo laboral, un sentimiento de orgullo de pertenencia y una mejor calidad de relación con los clientes.
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