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08 de Enero de 2009


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Todos podemos ser más efectivos y felices en el trabajo.Para ello, la formación continua puede mejorar, por una parte, su empatía hacia trabajadores y directivos, y por otra, su sintonía con las realidades emergentes en la nueva economía del conocimiento y la innovación.
13/02/2007 José Enebral
En la historia de la formación continua se cuentan importantes logros; no pocas iniciativas relacionadas con la evolución técnica, la diversificación, la excelencia o el cambio cultural han resultado exitosas por la eficacia de la formación desplegada. Cuesta imaginar, por ejemplo, proyectos de transferencia de tecnología, o de expansión empresarial, sin que haya correspondido un papel esencial a la formación de las personas afectadas, por no hablar de necesidades más cotidianas, al incorporar nuevas herramientas o rediseñar los procesos industriales. Pero, junto a visibles éxitos, también hemos conocido iniciativas infructuosas y fracasos de complejo análisis. La formación es extraordinariamente plural y compleja, incluso en los resultados que genera; por ello, pero quizá sobre todo por el peso de las realidades emergentes en el mundo empresarial, asistimos, en contenidos y métodos, a una cierta reingeniería de la formación en la empresa.
Una reingeniería de la formación continua
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