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01. Documentación

Guías

Fórmulas jurídicas para trabajar por cuenta propia

Conociendo los requisitos, ventajas e inconvenientes de cada fórmula jurídica podrá elegir la que más se adapte a sus necesidades si precisa constituir una evitando, así, cometer errores.

11/02/2008 consumer.es

Una panadería, un restaurante o un estudio de arquitectura o de traducción. Antes de poner en pie cualquiera de estas empresas hay que tener en cuenta algo esencial: la fórmula jurídica que se va a adoptar. La variedad es grande: autónomo, sociedad civil, limitada, anónima... ¿Cuándo interesa figurar en la Hacienda Pública como empresario individual? ¿En qué momento es más oportuno constituirse como sociedad mercantil? Lo que es conveniente para unos casos, puede ser perjudicial en otro tipo de empresa. La creación de una Sociedad Civil, Limitada, Comunidad de Bienes... supone cumplir una serie de requisitos iniciales no siempre posibles, como la aportación de capital inicial o contar con un número determinado de socios. Por ello, es fundamental conocer todas las fórmulas y asesorarse sobre los requisitos, ventajas e inconvenientes de cada una de ellas.

Elegir la mejor fórmula

Antes de decantarse por un tipo de sociedad u otro hay que valorar la situación personal de cada trabajador. Estos son los aspectos para tener en cuenta:

  • Tipo de actividad que se va a ejercer: La actividad que vaya a desarrollar la empresa puede condicionar la elección de la forma jurídica, ya que hay casos en que en la normativa aplicable establece una forma concreta.
  • Número de promotores: El número de personas que intervengan en la actividad puede también condicionar la elección. Así, cuando sean varios promotores, lo más aconsejable será constituir una sociedad.
  • Responsabilidad: La responsabilidad puede estar limitada al capital aportado (sociedades anónimas, limitadas...) o ser ilimitada, afectando tanto al patrimonio empresarial como al personal (autónomo, sociedad civil y comunidad de bienes).
  • Necesidades económicas del proyecto: En principio, las sociedades civiles son las más baratas en su constitución ya que no es necesaria su inscripción en el Registro Mercantil y por lo tanto no requieren de la participación de un notario. Además, no se exige capital inicial mínimo. Por contra, la sociedad limitada, la anónima, las sociedades laborales y las cooperativas de trabajo sí exigen escritura notarial y un capital mínimo. Una opción que debe valorarse, ya que el desembolso inicial puede compensar si lo que se pretende es limitar la responsabilidad futura respecto a ese capital y proteger el patrimonio personal.
  • Aspectos fiscales: La diferencia fundamental entre unas sociedades y otras se encuentra en la tributación a través del Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas (IRPF) en el caso de autónomos, sociedades civiles y comunidades de bienes, o bien a través del Impuesto de Sociedades en el resto de sociedades. En el IRPF se aplica un tipo impositivo progresivo que va elevándose a medida que se incrementen los beneficios. En el Impuesto de Sociedades se aplica un tipo fijo que será del 30% o 35% según los beneficios obtenidos.

Trámites telemáticos

Las nuevas tecnologías han contribuido a facilitar la constitución de estas figuras jurídicas, mediante la telemática. Un sistema que ofrece al usuario una mayor agilidad a la de poner en marcha una empresa que la tramitación presencial.

La tramitación telemática implica a los diferentes organismos competentes en la creación de una empresa permitiendo la comunicación entre ellos y acelerando la creación de la misma. Pero hasta el momento sólo algunos ciudadanos pueden beneficiarse de este sistema, ya que todavía no está operativo en todo el país y sólo las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Galicia, Asturias, Aragón y Castilla y León disponen de este modo de tramitación. Por otro lado, la modalidad de la empresa que se vaya a constituir es otro inconveniente, ya que en la actualidad sólo es posible este sistema para la creación de Sociedades de Responsabilidad Limitada a través del sistema CIRCE en determinados Puntos de Asesoramiento e Inicio de Tramitación.

Modalidades jurídicas

Una de las principales dudas que surgen ante la creación de una empresa es a qué modalidad empresarial acogerse. El desconocimiento hace que se multipliquen la incertidumbre sobre la conveniencia de constituirse como empresario individual o si, por el contrario, la fórmula de sociedad colectiva es la más acertada. Lo primero que hay que hacer ante esta tesitura es definir la empresa, qué actividad va a realizar y cuántos socios la van constituir. A partir de este momento, es necesario sopesar los pros y los contras que tiene cada modalidad jurídica.

  • Empresario individual

    Es la persona física que realiza en nombre propio y por medio de una empresa una actividad comercial, industrial o profesional. No tiene una regulación legal específica y está sometido en su actividad empresarial a las disposiciones generales del Código de Comercio en materia mercantil, y a lo dispuesto en el Código Civil en materia de derechos y obligaciones. La personalidad jurídica de la empresa es la misma que la de su titular, quien responde personalmente de todas las obligaciones que contraiga la empresa. No precisa de un proceso previo de constitución. Los trámites se inician al comienzo de la actividad empresarial y la aportación de capital a la empresa no tiene más límite que la voluntad del titular.

    Es una forma empresarial idónea para el funcionamiento de empresas de muy reducido tamaño. Es la forma que menos gestiones y trámites necesita para la realización de su actividad, puesto que no hay ningún trámite de adquisición de la personalidad jurídica. Puede resultar más económico, dado que no crea persona jurídica distinta del propio empresario.

    • Inconvenientes:
      • Responde con su patrimonio personal de las deudas generadas en su actividad.
      • Si el empresario está casado, puede dar lugar a que sus actividades alcancen al otro cónyuge según la clase de bienes. Los bienes propios de los cónyuges responden a los resultados de la actividad empresarial, mientras que con los gananciales se puede llegar a un acuerdo según los intereses de ambos.

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