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20 de Noviembre de 2008


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El entrenamiento psicológico nos puede ayudar en el logro de nuestros objetivos. El método que le proponemos cuenta con siete pasos que, además, le permitirán alcanzar un mayor desarrollo personal.
10/08/2005 Alberto Costa
El entrenamiento psicológico, coaching, como cualquier otro entrenamiento, se hace para lograr, alcanzar, conquistar, resolver, o solucionar, un objetivo muy concreto. Desde nuestra forma de entender este tema, el proceso de lograr un objetivo puede ser, al mismo tiempo, una forma de aprender un método que permitirá al que hoy es entrenado pasar a ser su propio entrenador, hacer Auto Coaching, Auto Entrenamiento Psicológico, para lograr cada vez que lo use, un mayor desarrollo personal. Por este motivo explicaremos sintéticamente, el método que nosotros usamos.Primera etapa: la concentración.
Lo más importante es la delimitación clara y precisa del objetivo a conseguir. Esto no es fácil en el coaching, porque toda dificultad que se plantea en el ámbito psicológico suele estar mezclada con otras dificultades no resueltas anteriormente. La primera tarea, entonces, es "separar la paja del trigo". Este ejemplo no es casual, lo más difícil, si lo descomponemos en sus elementos constituyentes, aparece extraordinariamente parecido a lo más fácil. Lo más fácil es comparar todo nuestro funcionamiento, incluido el psíquico, al funcionamiento de la naturaleza, entendiendo que nosotros mismos, cada persona, es el mejor, o el más comprensible, modelo de la naturaleza.
Desde este punto de vista, el hecho de que un objetivo aparezca muy mezclado con otros no nos debe sorprender ni preocupar. Es natural. Saberlo y tenerlo en cuenta ayuda. La mezcla, la confusión, el caos, están, siempre, en el principio de cualquier proceso creativo, como el de intentar un determinado logro de objetivos, por ejemplo. Parece una repetición continua de lo que conocemos como el origen del universo, y nosotros somos un micro universo, por lo que es bastante lógico que, al comenzar una tarea, nos encontremos con todo mezclado, en confusión.
Resulta curioso deducir que de aquella tremenda energía que generó el universo, teniendo en cuenta que la energía puede transformarse, pero no desaparecer, nuestro deseo es el heredero indiscutible. En nosotros, como representantes individualizados de toda nuestra especie. Nuestro deseo es el combustible necesario para cualquier tarea. Por lo tanto lo utilizaremos para organizarnos, por orden de prioridades naturalmente lógicas.
Nos aseguraremos que el objetivo que elegimos esté perfectamente sustentado, que cuente con los recursos básicos y que sea, necesariamente, el próximo paso que debemos dar, en el área que hayamos elegido, en nuestra área personal, familiar, profesional, o en cualquier otra. En ese momento es cuando podemos dirigir todo nuestro deseo a una sola zona muy bien delimitada, así es como se concentra, se centra en un solo punto, en lo que tenemos que hacer primero.
Segunda etapa: la memoria.
Cuando revisamos nuestros recursos aparece uno que es como un iceberg, muestra apenas una parte de toda su dimensión, es el impulso evolutivo. Es una fuerza que está en nosotros, viene de antes y seguirá estando después que nos hayamos ido. Este impulso evolutivo esta en nuestra memoria, la consciente, la inconsciente, la personal y la colectiva. Nos produce un cierto estremecimiento este hecho, pero también un gran entusiasmo, porque es fácilmente reconocible que, después del encuentro amoroso entre nuestros padres, el que nos dio vida, nosotros comenzamos a ser nosotros, y no tenemos más remedio que reconocer que nuestra conciencia no tuvo ningún papel en nuestro desarrollo hasta nacer. Como tampoco la tiene actualmente cuando dormimos y nuestro organismo se mantiene activo. El impulso evolutivo nos ha dotado con mecanismos no conscientes que se hacen cargo de más funciones que la propia conciencia. Pero no son ajenos a nosotros. Son una parte nuestra, casi desconocida, pero nuestra.
La memoria, por ejemplo, almacena no sólo todos los detalles, hasta el más ínfimo, de todo lo que hemos vivido, sino también todo lo aprendido por nuestra especie desde su existencia. Esto significa que si conseguimos organizar un intercambio consciente entre nuestras dos partes, nuestra fuerza se multiplica, no sabemos por cuánto, suponemos que no hay más límites que nuestra propia ignorancia. Por lo que vemos que el reconocimiento de la dualidad, consciente / no-consciente, y la intención de integrarla hace que el logro de nuestro objetivo se vea con mayor seguridad y confianza.
Tercera etapa: la imaginación.
Aquí conviene detenerse un momento y reflexionar. Hemos descubierto fuerzas que no sabíamos que estaban y siempre estuvieron ahí. Es más, dijimos que nos utilizaríamos como modelos de la naturaleza y, como sabemos que todo interactúa y se asemeja, vemos que esa dualidad que está en nosotros, una parte claramente visible y otra más oscura, es la misma que el día y la noche, el verano y el invierno, la infancia y la vejez, la vida y la muerte. Todo rueda por ciclos. Lo importante es incorporar esto a la conciencia y ampliarla, lo más posible, paciente, pero constantemente.
Nuestros sentidos nos informan, la traducción de esa información debe ser lo más certera posible. Nuestros sentidos más habituales de percepción son cinco, pero la combinatoria matemática de 5 da 120, nada menos que ciento veinte combinaciones posibles de percepción. A estas habría que sumarle las emociones, las sensaciones y los recuerdos. Es evidente que ajustar al máximo la información que nuestros sentidos nos proporcionan, nos permite profundizar la comprensión de las personas, las situaciones y las cosas. Lo que, a su vez, nos permite visualizar nuestro objetivo con mayor cantidad de detalles.
A veces hablamos de la imaginación como si habláramos de una maquinita de orquestar fantasías inalcanzables. Imaginar es pensar en imágenes, ver con la mente. Al hacernos una imagen de lo que queremos alcanzar, nuestro objetivo, podemos ajustar detalles con más precisión. Y es evidente que cuanto más clara y detallada tengamos la meta, más fácil llegaremos.
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