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20 de Noviembre de 2008


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El trabajo en contacto con sustancias tóxicas puede ser un peligro para la salud de la plantilla. Evaluar los riesgos de estos productos y establecer medidas preventivas permite a las empresas reducir el coste humano y económico que suponen.
23/10/2003 CEIN
Durante estos días se celebra la Semana Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo 2003. La iniciativa, que anualmente se organiza en los países miembros de la Unión Europea, subraya en esta ocasión el riesgo de trabajar con sustancias peligrosas y la necesidad de fomentar las actividades y actitudes que eviten lesiones o accidentes relacionados con estos componentes tóxicos.
Muchos lugares de trabajo y puestos laborales están en contacto con sustancias peligrosas. Profesionales relacionados con la sanidad, la industria u otros sectores donde se manejan productos químicos -transporte, mecánica, agricultura, etc.- son quienes más posibilidades tienen de sufrir los efectos de estos componentes tóxicos.
Las sustancias más peligrosas se acumulan en el organismo humano y pueden provocar asma, irritaciones de la piel y cáncer, además de mermar la capacidad reproductiva, afectar a los sistemas nervioso e inmunológico y dañar, entre otros órganos, el corazón y los pulmones.
Por esta razón, las empresas deben identificar y valorar los efectos negativos de exponer a su plantilla a algún tipo de sustancias peligrosas. Por una parte, estas exposiciones multiplican la posibilidad de sufrir bajas laborales, de que se reduzca la productividad del negocio y de recibir incluso demandas judiciales por daños en la salud.
Según la “Tercera Encuesta Europea sobre condiciones de trabajo 2000”, llevada a cabo por la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, un 22% de las personas trabajadoras de la UE reconoce haber estado en contacto con sustancias tóxicas durante una cuarta parte o más tiempo de su jornada laboral y el 16% de esas y esos profesionales está obligado a utilizar compuestos peligrosos en su trabajo.
La legislación indica que el empresariado debe analizar si las sustancias utilizadas en su negocio son peligrosas para la salud humana. Si es así, estos riesgos deberán ser eliminados, mediante la sustitución de los productos tóxicos por otros o adecuando los procesos a otros más seguros.
Si la exposición de la plantilla a estas sustancias es obligada, el empresariado ha de hacer todo lo posible para minimizar el peligro. Así, deberá evaluar el riesgo al que se somete su plantilla, informar y formar al personal sobre los efectos nocivos de estos productos, establecer un plan de prevención, llevar a cabo una vigilancia periódica del estado de salud de las y los trabajadores en relación con estos riesgos y definir las medidas necesarias para abordar las posibles emergencias y accidentes.
En este sentido, la Unión Europea está ultimando la nueva normativa sobre sustancias químicas, donde se potenciará la información sobre los riesgos de estos productos y los sistemas de protección, mediante un nuevo método de evaluación que comprende el registro, valoración y autorización de las sustancias existentes. Está prevista la creación de un registro con información básica sobre cerca de 30.000 sustancias.
De esta forma se evaluarán los efectos de la exposición a largo plazo de aquellas sustancias que tengan un volumen de producción más alto, las que se considere dañinas y también otras con tonelaje más bajo. Las que presenten propiedades carcinogénicas, mutagénicas o tóxicas deberán lograr una autorización que garantice su control.
En las empresas fabricantes de estas sustancias, pues, recaerá la obligación de proporcionar datos sobre sus productos; en las autoridades, en cambio, el deber de evaluar estos datos y hacer los pertinentes controles y autorizaciones.
En definitiva, la información fiel y detallada sobre los riesgos de utilizar sustancias peligrosas es clave para que las empresas elijan adecuadamente los productos con los que van a trabajar sus profesionales, puedan adquirir materiales alternativos con los que realizar el trabajo o, en el peor de los casos, protejan a la plantilla de los posibles riesgos.
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