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09 de Enero de 2009


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Los estiramientos, lo mejor como tratamiento y como prevención.
10/05/2004 consumer.es
El 80% de la población ha sufrido en alguna ocasión un episodio o más de dolor en alguna región de la espalda. Este porcentaje se eleva en las personas de edad: se estima que un 90% de las personas de más de 65 años padece esta afección. Un colectivo especialmente afectado son las mujeres menopausicas afectadas de osteoporosis. Los dolores de espalda, además de afectar a un amplio sector de la población, suponen un grave problema sanitario que origina aproximadamente el 16% de las bajas laborales, debidas a lumbalgias, dorsalgias y cervicalgias. Y es que bajo la denominación de espalda se engloban tres regiones de la columna, con personalidades muy distintas: la columna cervical o cuello, la dorsal o torácica y la lumbar o cintura.
Durante la filogénesis o proceso de evolución de la raza humana a partir de los prehomínidos, se ha pasado de la posición cuadrúpeda a la bipedestación, que primeramente supuso el enderezamiento de la columna vertebral y después la aparición de curvas en ella y, sobre todo, la inversión de la curvadura lumbar. Este mismo proceso se repite en el desarrollo del individuo, en el proceso de ontogénesis. Durante el periodo fetal, la curvadura es como la de los antiguos prehomínidos. A los trece meses el raquis lumbar se hace rectilíneo; a partir de los tres años se comienza a apreciar la curvadura lumbar del adulto, que se afianza a los ocho años, y a los diez años adopta su forma y curvadura definitiva. La evolución del individuo es, por tanto, similar a la de la especie. Los cuidados y la educación postural durante esta etapa de desarrollo son fundamentales para un desarrollo correcto de la columna.
La columna es el pilar central del tronco y debe conciliar dos principios aparentemente contradictorios: la rigidez y la flexibilidad. Apoyado en la pelvis, se eleva hasta la cabeza y soporta dos crucetas: una a nivel de hombros, el llamado cinturón escapular, y otra a nivel de pelvis, el cinturón pelviano. En todos los tramos hay tensores musculares y ligamentosos que unen la columna a su base implantación y la mantienen sujeta y equilibrada. Para darle flexibilidad, la columna está constituida por numerosas piezas superpuestas, las vértebras, unidas entre si mediante elementos ligamentosos y musculares, que se articulan unas con otras. Entre los cuerpos vertebrales se encuentran los discos que actúan como almohadillas, con capacidad de amortiguar, expandirse y reducirse. Con esta estructura compleja, la columna puede deformarse y adaptarse y, al mismo tiempo, permanecer rígida bajo la influencia de las contracciones musculares. Actuando armónicamente los músculos conservan las curvaduras fisiológicas de la columna y la equilibran para mantener el centro de gravedad del cuerpo. Conocer estos detalles resulta fundamental, ya que el origen de un 60-70% de los dolores de espalda es muscular y no tiene relación directa con una afección de la columna, y su eliminación requiere tratarlos adecuadamente.
Los dolores de cuello o cervicalgias pueden tener origen en un proceso artrósico, en un antecedente de traumatismo o, como ocurre en los accidentes de tráfico, en un movimiento violento de hacia delante y atrás, pero en muchos casos no hay una patología clara. Y es que la región cervical o cuello es un espejo de las tensiones y vicios posturales de la vida moderna: posturas forzadas durante el trabajo que obligan a mantener la cabeza inclinada hacia delante de forma prolongada, labores caseras, trabajos de administración o de oficinas técnicas delante del ordenador, manipulación de cargas con las extremidades superiores... Como consecuencia, el músculo se tensiona, se tracciona de sus inserciones en las vértebras, se generan tensiones en la columna y termina doliendo, incluso limitando la movilidad, y si no se corrige a largo plazo pueden aparecer procesos degenerativos articulares.
Y si el cuello es el espejo de los vicios posturales, la cintura lo es de la baja forma física, del desentrenamiento muscular. Aunque en algunos casos la lumbalgia es síntoma de artrosis o desviaciones, hay personas que no han sufrido nunca un episodio doloroso lumbar y que padecen artrosis o desviaciones en la columna. Estos últimos casos se deben habitualmente a la falta de entrenamiento y de fortaleza de la musculatura de la cintura (tanto de la región de los riñones, como de la abdominal). Un desequilibrio entre ambas masas musculares puede generar un proceso doloroso lumbar ante esfuerzos nimios o posturas que realizamos en la vida cotidiana. La pérdida de flexibilidad y de la potencia muscular por la vida sedentaria y mecanizada es la causa más importante de dolor lumbar. También desencadenan episodios dolorosos los vicios posturales en trabajos caseros y en algunas actividades laborales que obligan a manipular cargas, a posturas forzadas, a movimientos repetitivos de la columna o a estar de pie o sentado de forma continua durante la jornada laboral. Y el exceso de peso favorece la aparición y la gravedad esos episodios.
Todos estos procesos generan un gasto sanitario importante, ya que constituyen una de las primeras causas de consulta médica a nivel de asistencia primaria y especializada. Se trata de dolencias que originan un sinfín de exploraciones costosas (resonancias magnéticas, tomografías, electromioneurografías), a menudo difícilmente justificables, que no aportan mucho más que lo que haría una buena historia clínica, con una exploración física y una radiología convencional. Lo que ocurre es que el paciente insiste en buscar una explicación a una dolencia que muchas veces no se traduce en este tipo de exploraciones y que obedece única y exclusivamente a un origen muscular. Una cuidadosa consulta y exploración física tendría que ser suficiente para seleccionar los pacientes en los que se justificarían exploraciones más sofisticadas.
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