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10 de Enero de 2009


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Existen diferencias significativas en la vida laboral de hombres y mujeres que afectan a su seguridad y salud en el trabajo. Mejorar la calidad del trabajo hace inevitable que se tengan en cuenta dichos factores a la hora de evaluar y planificar la prevención de riesgos laborales, unas mejoras que sin duda redundarán en el conjunto de la población trabajadora.
26/10/2004 CEIN
Las condiciones de trabajo repercuten sustancialmente en la vida y la salud de las personas. Pero dichas condiciones varían de unas personas a otras en función del tipo de ocupación, su grupo económico y el género.Sin embargo, la prevención ha pasado por alto estas diferencias.Los riesgos para la salud a los que están expuestas las mujeres han sido infravalorados y descuidados en comparación con los de los hombres.Un informe que ha elaborado la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (Las cuestiones de género en relación con la seguridad y la salud en el trabajo, 2003) analiza en profundidad estas diferencias de género en cuanto a enfermedad y lesiones profesionales e insta a los principales actores que intervienen en este campo a incluir un enfoque “sensible” de género en todas las actuaciones.
La masiva incorporación de la mujer al mercado laboral regular se caracteriza por la acentuada concentración en determinados sectores económicos y ocupaciones, lo que se conoce como segregación ocupacional. Esta situación origina que hombres y mujeres estén expuestos a diferentes entornos de trabajo, exigencias y tensiones. Incluso si ambos están empleados en el mismo trabajo, suelen realizar diferentes tareas.
Así, encontramos a un mayor número de mujeres empleadas en el sector servicios y en trabajos relacionados con los servicios sanitarios y de atención y cuidado de personas, educación, empleos administrativos y el trabajo doméstico. Asimismo, los trabajos precarios, a tiempo parcial y mal pagados los suelen ocupar mujeres; por el contrario, sus posibilidades de ocupar puestos directivos son bien limitadas.
Estas circunstancias provocan, por ejemplo, que las trabajadoras sean más proclives a sufrir enfermedades cutáneas, asma y alergias debido al contacto con productos de limpieza y sustancias químicas; infecciones causadas por su trabajo en el sector sanitario, trastornos en las extremidades superiores por el desempeño de tareas repetitivas en las cadenas de montaje o la introducción de datos; o a padecer la violencia ejercida por el público en los trabajos de cara al mismo.
Más preocupantes, no obstante, resultan determinadas situaciones que, por su relación con la discriminación en un sentido más amplio, afectan de manera específica a las mujeres. En este sentido, se han identificado diversas dimensiones del trabajo como son el acoso sexual, la doble jornada, salarios más bajos por el mismo puesto, empleos infravalorados socialmente y con poco control de la situación o trabajos con una gran carga emocional. Factores particulares de las mujeres que derivan en la aparición del estrés laboral.
El estrés laboral produce en la persona que lo padece una serie de alteraciones psicológicas (traumas emocionales, ansiedad, nerviosismo, depresión o baja autoestima) y otros síntomas físicos asociados (trastornos del sueño, dolores de cabeza, hipertensión) de difícil vinculación con el trabajo.
Además, las mujeres tienden a mantenerse en el mismo trabajo más tiempo que sus colegas masculinos por lo que sufren una exposición más prolongada a los riesgos, cuyos daños aparecen de manera lenta y progresiva. En los puestos que ocupan los hombres son más frecuentes las lesiones relacionadas con los accidentes laborales en los que se reconoce fácilmente la relación causa y daño.
La prevención de problemas de salud y la promoción del bienestar en el trabajo son importantes para la calidad del trabajo, de hombres y de mujeres. El informe de la agencia constata la necesidad de mejorar la investigación, incluyendo la dimensión de género en la recogida de datos, y teniendo en cuenta los verdaderos trabajos que desempeñan ambos sexos, las diferencias en la exposición y las condiciones.
Asimismo señala la participación de las personas trabajadoras, en particular las mujeres, quienes no están lo suficientemente representadas en la toma de decisiones, como un factor decisivo en una buena prevención. Sus opiniones, conocimientos y experiencias se deberían reflejar a la hora de formular y poner en práctica las estrategias de SST.
Las mujeres no constituyen un grupo homogéneo y no todas trabajan en empleos tradicionalmente femeninos, por lo que un enfoque holístico ha de tener en cuenta esta diversidad. Las medidas destinadas a mejorar el equilibrio entre vida personal y trabajo deben tener en cuenta los horarios de trabajo y adaptarse a ambos sexos.
Por último, destaca que no es posible reducir los riesgos laborales que afectan a las mujeres si se contempla separadamente de aspectos más amplios relativos a la discriminación en el trabajo y en la sociedad.
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