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10 de Enero de 2009


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La alergia a los productos manipulados o inhalados en el trabajo es una causa importante de absentismo laboral. Sin embargo, un diagnóstico precoz y acertado puede ayudar a mejorar la calidad de vida del trabajador.
30/01/2007 Clínica Universitaria de Navarra. Departamento de Comunicación
Sólo en España se calcula que el número de personas con rinitis alérgica, la forma más frecuente de alergia, es de más de 6 millones (22% de prevalencia). En Europa, la prevalencia de la rinitis alérgica varía de unos países otros situándose en un 16,9% en Italia, un 24,5% en Francia y un 28,5% en Bélgica. Si los índices de crecimiento continúan, dentro de 20 años la mitad de la población se verá afectada por algún tipo de alergia.
Así, el aumento del número de pacientes que sufren síntomas de alergia estacional ha multiplicado el coste de esta patología para las arcas sanitarias del Estado y también de las empresas. La rinitis alérgica, que padecen uno de cada diez trabajadores, puede disminuir hasta en un 13% la productividad de los empleados, lo que supone una pérdida de 12 euros diarios por trabajador. De hecho, en Europa los costes indirectos de la rinitis alcanzan los 3.500 millones de dólares. Esta pérdida de la productividad se debe a los efectos secundarios de los tratamientos antihistamínicos: falta de concentración, disminución en la capacidad receptiva, lentitud y problemas de coordinación...
Las alergias consisten en una respuesta inmunológica exagerada provocada por la percepción, por nuestro organismo, como nocivo de una sustancia que no lo es. Las sustancias que provocan las alergias se llaman alérgenos y pueden ser de lo más variado: pólenes, ácaros, epitelios de animales, látex, picaduras de avispas, ciertos alimentos y algunos medicamentos.
El alergeno entra en contacto con el cuerpo bien siendo inhalado por la nariz o la boca (alergenos inhalantes), ingerido, como ocurre con alimentos o ciertos fármacos, o inyectado como es el caso de medicamentos o picaduras de insectos. Hay otro tipo de reacción -dermatitis de contacto- que se desencadena cuando la sustancia está en contacto con la piel.
Los alergenos inhalados pueden producir, por orden de fecuencia y de gravedad, en primer lugar, una rinitis o rinoconjuntivitis que se manifiesta por picor de nariz y ojos, secreción nasal acuosa, estornudos, nariz taponada, etc. En segundo lugar, asma bronquial. No hay que olvidar que un 80 por ciento de todos los asmáticos lo son por causa alérgica.
Las personas que creen ser alérgicas deben acudir a un servicio médico en el que se les realizará, según los casos, tests cutáneos, tests de provocación, análisis de sangre o pruebas de función respiratoria para comprobar si realmente son alérgicos. En el caso de que los análisis revelen la presencia de la alergia se prescribe un tratamiento, que, en la mayor parte de los casos, consiste en, primero, evitar el contacto con la sustancia que produce la alergia y después en el consumo de fármacos. En algunos casos, se recomienda como tratamiento la inmunoterapia o vacunas durante un período de 3 a 5 años.
El asma es una enfermedad respiratoria caracterizada por inflamación crónica de las vías aéreas (bronquios) que causa episodios recurrentes de sensación de falta de aire (disnea), pitos en el pecho con la respiración (sibilancias), tos y sensación de opresión en el pecho. La inflamación crónica de los bronquios también es causante de que ante numerosos estímulos irritantes (humo, perfumes, etc), los pacientes con asma se sientan peor.
La relación de enfermedades profesionales, que en España se definió en el Real Decreto 1.995/1.978 de 12 de mayo, incluye al asma, pero siempre con condiciones: que el asma sea contraída en el medio profesional y que, además, se deba a la exposición de productos de origen vegetal o animal y a ciertas sustancias químicas en diversas actividades, especialmente en fabricación de fieltros, tratamiento de cuero y plumas, apicultura (veneno de abejas), manipulación de harina, algodón, lino, cáñamo y maderas exóticas, actividades agrícolas, actividades en la industria farmacéutica, droguerías, perfumerías e institucos de belleza, médicos y veterinarios, industrias de metales, trabajos domésticos, inhalación repetida de ciertos agentes químicos (acreleína, isocianatos, formol,etc.), fabricación y empleo de antibióticos, materias plásticas, aminas aromáticas y alifáticas, y enzinas proteolíticas.
Por lo tanto, los profesionales más expuestos a esta enfermedad son los carpinteros, peluqueros, panaderos, agricultores, avicultores y los miembros del personal sanitario en general.
Los empleados que trabajan en sectores donde las probabilidades de sufrir asma son fuertes deben ser conscientes de que una revisión médica anual es fundamental. Sólo así podrá detectarse si el estado de salud del empleado es correcto para trabajar en dicho sector o si, de lo contrario, es necesario adoptar medidas que permitan restablecer su estado de salud y así poder seguir ejerciendo su actividad profesional.
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