(saltar al contenido)
02 de Diciembre de 2008


Portada > Unión Europea > Documentación > Artículos
La Unión Europea permite a los países que la componen desarrollar gran cantidad de potencialidades. ¿Cómo podemos aprovechar de manera óptima el estar juntos?
30/01/2008 Punto Global
La Unión Europea surgió de la necesidad de una serie de países de favorecer sus intercambios comerciales con las naciones de su entorno. Desde entonces, la Unión ha ido acrecentando el número de socios, y también las expectativas que la propia Unión y cada uno de sus miembros han depositado en el axioma tan arraigado de "la unión hace la fuerza".
Una vez consolidada la libre circulación de mercancías entre todos sus miembros, la Unión se ve abocada a preguntarse: ¿y ahora dónde vamos todos juntos?, o mejor ¿cómo aprovechamos el potencial que nos da el "estar juntos"? Es este un asunto que hoy se ha convertido en prioridad política y económica interna: la elaboración de un plan estratégico comercial común. Un plan para saber a dónde vamos, los 27, en términos de desarrollo económico y comercial.
Alemania fijó para su periodo de Presidencia semestral la prioridad de fomentar la relación entre el comercio y la competitividad, por entender que mejorar nuestras empresas incrementará las posibilidades de engordar las cifras globales de negocio.
La competitividad de las empresas europeas en el mercado internacional depende por un lado de las políticas internas de la Unión, de su apertura al comercio internacional y de las políticas que adopten cada una de sus naciones tanto a nivel nacional como internacional. La Comisión se puso a trabajar en ello y decidió establecer un plan estratégico de actuación de largo alcance, consensuado también por los ministros entre cuyas competencias se encuentra el fomento de la competitividad de nuestras empresas.
Insistió asimismo la Comisión en incluir al sector servicios dentro de su política común, hecho anunciado en mayo pasado, ya que son precisamente las empresas de servicios las que aplican y desarrollan en mayor medida las ventajas de los planes a gran escala en sus ámbitos de actuación.
La experiencia adquirida en la creación de un verdadero mercado interior debe servir de apoyo en el diseño de esta nueva estrategia. La política comercial común de éxito hasta ahora, aconseja basarse en dos vectores de actuación que aúnen por un lado la protección y el fomento del mercado interior, y por otro la apertura hacia otros mercados, en especial hacia mercados emergentes.
La protección de los mercados interiores se concreta cada vez con mayor frecuencia en la creación y puesta en marcha de requerimientos técnicos a veces complicados. La aplicación o evitación de las barreras no arancelarias, es un asunto delicado que exige especial vigilancia, dada la regulación -nunca completa- que la Organización Mundial del Comercio establece en este ámbito.
Por otro lado nuestras exportaciones a nivel nacional se han incrementado y aunque hasta ahora el destino prioritario de las mercancías eran otros miembros de la Unión, esa tendencia endogámica ha debido verse modificada por las nuevas estructuras de aprovisionamiento de los mercados internacionales, y es prioritario el fomento de las transacciones en otras plazas.
Las líneas maestras de este plan estratégico descansan sobre cuatro pilares. El primero de ellos es la protección interior ya mencionada, y la lucha contra las políticas que favorecen las prácticas comerciales desleales.
Dentro del epígrafe de prácticas comerciales desleales nos topamos con la necesidad de una política centrada en la prevención de la piratería y el aseguramiento de los derechos de propiedad intelectual, un ámbito en el que se cuenta con la colaboración de otra gran potencia, Estados Unidos, y se coopera estrechamente con Japón. La lucha contra la piratería y otras formas de actuación poco ortodoxas dentro de la normativa comercial internacional -normas antidumping, subvenciones particulares en diversos ámbitos…- serán una prioridad para nuestra política comercial.
Para el fomento comercial al exterior, la Unión confía en las licitaciones internacionales, una vía poco explorada por nuestras empresas, pero que pueden abrir muchas puertas en mercados tanto de países desarrollados como emergentes. De momento las normativas y reglamentos de las licitaciones son en muchos casos de carácter nacional, y carecen de regulación multilateral, pero su peso económico dentro de la Unión -que ronda entre el 10 y el 25 por ciento del PIB de la UE- aconseja atender y desarrollar esta forma de generación de negocio.
La segunda línea de actuación hacia el exterior descansa sobre las negociaciones de tratados con terceros países que puedan abrirnos sus puertas, con acuerdos de libre cambio. La Comisión ha seleccionado a los países de MERCOSUR, ASEAN y Corea del Sur como primeros destinos a los que seguirán, previsiblemente, Rusia y el Consejo de Cooperación del Golfo.
La Unión aspira a convertirse en una verdadera potencia económica mundial como bloque, y con esta estrategia comercial busca contribuir a darle cohesión y a mejorar su posicionamiento internacional; un posicionamiento que debe ir acompasado de políticas para la mejora de la competitividad -actualmente en práctica y otras en estudio- y sobre todo de políticas de aseguramiento del suministro y abastecimiento energético, tarea sobre la que corren y correrán ríos de tinta.
Ahora todo ello debe convencer a naciones de diversa condición, 27 nada más y nada menos, y plasmarse en unas normativas que calen tan hondo en los gobiernos nacionales, como para impulsarles a trasladar a sus empresas, con iniciativas específicas, estas expectativas que la Unión ha depositado en nuestro comercio y en el fomento de nuestra competitividad.
| ir a artículos | recomiende este contenido | acceso a asesoría | versión para imprimir |
|© Copyright, Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra. Aviso Legal