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09 de Enero de 2009


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Cuando el problema era disponer de la materia prima, el que tenía la tierra y su producción tenia el poder. Cuando el problema fue disponer de maquinas adecuadas, el poder lo mantuvo quien fue capaz de encontrar los medios financieros para adquirirlas. ¿Dónde está el valor hoy?
30/08/2005 Infocenter, Centro de Vigilancia e Inteligencia Competitiva
El valor de la “inteligencia” ha llegado a nuestras organizaciones empresariales. El cambio ya se está produciendo. Desde 1980 estamos inmersos en lo que se ha denominado como la Tercera Ola, la revolución del conocimiento.A lo largo de la historia se han sucedido similares revoluciones, así el poder ha pasado de manos de latifundistas, a manos de los nuevos propietarios, esta vez los de la fabricas en la Revolución Industrial. La Tercera Ola sitúa el valor en manos de aquel que posee la “información inteligente”. Abandonamos una época donde los puntos críticos en que generar valor están cada vez más en manos de un gran número de competidores, y con ello las posibilidades de diferenciación se han reducido o anulado paulatinamente.
Cuando el problema era disponer de la materia prima, el que tenia la tierra y su producción, tenia el poder. Cuando el problema fue disponer de maquinas adecuadas, el poder lo mantuvo quien fue capaz de encontrar los medios financieros para adquirirlas.
¿Donde está el valor hoy? Todos podemos comprar la última tecnología que nos permitirá producir lo que nuestros clientes necesitan, pero el problema ya no es disponer de producto, sino disponer de algo más: un producto tiene éxito si anticipa soluciones. En definitiva, un producto-servicio cada vez más ajustado a necesidades irremediablemente cambiantes, muy precisas, donde el valor reside en la “capacidad de anticipación”.
Aquí está el punto crítico: ¿cómo logro anticiparme?, ¿cómo logro sorprender a los clientes?, ¿dónde esta el “valor”?
Anticipándose a toda una época, Alvin Toffler en 1978 publicó el libro “La Tercera Ola”, una obra brillante y de lectura obligada.
Toffler, afirmaba, con rotundidad, lo absurdo de emprender una guerra convencional, cuando el enemigo está oculto o es invisible, “a un enemigo invisible solo se le puede atacar desde el conocimiento, solo se le puede vencer disponiendo de información critica y sensible”. No es una cuestión de mapas, no es una cuestión de medios materiales, es una cuestión de anticipación, de conocimiento (Inteligencia Competitiva), de rastrear el “ruido” que producen determinadas actuaciones inevitables y previas al lanzamiento de cualquier producto.
Sabemos que es fundamental conocer “en qué y cómo” está trabajando el departamento de I+D de nuestra competencia, sabemos que lo que hoy se está “cocinando en esos fogones” en dos años estará en la calle, y si no estamos alerta, si no estamos preparados, podríamos llegar a una situación crítica. Lo sabemos, pero no hay un método implantado en la organización que nos permita hacer frente de forma profesional a esta grave situación de vacío.
Pero, desgraciadamente, los consejos de administración de la gran mayoría de nuestras empresas perdonan estos fallos garrafales de los equipos de dirección. Todavía muchas empresas se enteran de las actuaciones de los competidores “por la prensa”, “en las ferias”, o cuando los equipos de ventas ya no puedan hacer otra cosa que lamentarse ante estas novedades que irremediablemente les llevan a bajar y bajar precios.
Todas las organizaciones de defensa del mundo, los ejércitos y gobiernos, disponen de “equipos de inteligencia” que les permiten anticipar los movimientos del enemigo.
Actualmente, entre los más de tres millones de artículos que se publican en el mundo relacionados con diferentes sectores industriales, más de 6.000 de ellos afectan directamente al I+D de su compañía. Cada día se crean mas de diez millones de webs de las que al menos un uno por ciento tiene estrecha relación con su actividad. Ninguna persona, o equipo de personas es capaz, en primer lugar, de disponer de esta información de forma racional (a costo cero) y mucho menos de leerla, resumirla y hacerla útil para su organización.
Pero el problema no es la captura y gestión de esta información, los centros de inteligencia están capacitados para ofrecerles la solución, el verdadero problema es la sensibilización hacia la necesidad de anticipación. El problema es un problema de decisión, no de costo, ni de tecnología. Debemos dotarnos de sistemas que hagan real la anticipación, aplicar procedimientos de “Inteligencia Competitiva”, antes de que nuestros “enemigos” lo hagan por nosotros.
Como decía Federico I el Grande de Prusia “Se puede perdonar ser derrotado pero jamás ser sorprendido”.
Ramón Archanco.
Director de Infocenter, Centro de Inteligencia y Vigilancia Competitiva.
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