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02 de Diciembre de 2008


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Disponer de información es una oportunidad para las organizaciones… pero también lleva consigo el riesgo de quedar sepultados por su peso.
18/06/2008 Clarke, Modet & Cº
Cada vez se oye con más frecuencia lo difícil que es para cualquier organización la supervivencia en el mercado. Se alegan razones como el encarecimiento de las materias primas, la presencia de más y mejor preparados competidores o la presencia de las economías emergentes.
Las empresas se ven amenazadas diariamente ya que hay cada vez más ojos atentos a aprovechar una oportunidad o a replicar un negocio exitoso. Las leyes de la libre competencia obligan a las organizaciones a prestar atención a miles de variables: normativas, legislativas, desarrollo de nuevas tecnologías, gustos de los consumidores, presencia de competidores o proveedores que devienen en competidores.
Bien es cierto que estas variables han debido ser tenidas en cuenta por cualquier organización económica en cualquier lugar del mundo y en cualquier época. Cuando los fenicios se extendieron por todo el Mediterráneo debían tener en cuenta la calidad de los productos con los que comerciaban (ya que no utilizaron moneda durante seis siglos), cuidando especialmente la calidad del tinte púrpura que extraían de un molusco, y que les dio la base para establecer unos enormes circuitos comerciales.
Sin embargo no estaban libres de la presencia de la competencia (naves egipcias, griegas y romanas surcaban el Mediterráneo en la misma época), ni de las exigencias de los consumidores, ni de los desarrollos tecnológicos.
Uno puede estar ya pensando que no se parecen en nada el mercado mediterráneo del siglo V antes de nuestra era al mercado global actual. Evidentemente las diferencias son múltiples: desde los medios de transporte, los procesos de manufactura de los productos o la distribución de lo mismos.
Sin embargo, pese a las diferencias, la analogía es clara. Pero hay algo en los mercados actuales que no ha existido en ninguna de las otras épocas: la cantidad de información que necesita una organización hoy en día para sobrevivir en el mercado.
En otros tiempos apenas existían repositorios de información, sitios donde se guardara constancia de las transacciones comerciales. Y precisamente fueron los fenicios los que nos legaron el alfabeto actual, y los que empezaron a plasmar en ciertos papiros los resultados de sus negocios.
Hoy en día el bombardeo de información es algo que no tiene paralelismo con ninguna otra época histórica, no por nada se alude usualmente al término "era de la información". El desarrollo de la tecnología digital y la globalización de los mercados y las empresas han provocado un hecho sin precedentes: el acceso a cualquier tipo de información en tiempo real.
Esto que en un principio se presenta como algo muy positivo para cualquier organización, tiene también un lado negativo: demasiada información puede ser contraproducente.
A cualquier empresa le conviene tener acceso a bases de datos de contenido tecnológico, a la normativa técnica que atañe a sus productos, a la legislación que rige en los mercados donde actúa, a la profusión de eventos donde adquirir más conocimiento o vigilar a sus competidores, al entorno competitivo que conforman sus proveedores y clientes, etcétera.
Sin embargo una actitud inherente al ser humano hace que queramos recoger toda la información bajo un lema muy simple: 'por si acaso'. El almacenamiento de la información no nos hace más fuertes en el mercado: lo que nos hace más fuertes es el análisis de esa información para apoyar una decisión. Si sólo nos dedicamos a recopilar y almacenar, no seremos más que una biblioteca, un repositorio muy completo.
El éxito consiste en recoger, filtrar, analizar y poner a disposición de las personas la información exacta, concreta y completa para la toma de decisiones. Este proceso es la inteligencia económica, también llamada competitiva, pero inteligencia en definitiva, un proceso que tiene cada vez más calado en las organizaciones, pero sin embargo un método que ya viene desde el mundo antiguo.
La tarea hoy en día se nos antoja más fácil por el apoyo de consultores, herramientas de procesamiento digital, o el acceso a las fuentes, sin embargo la variable tiempo nos hace que esa ventaja sea mucho más pequeña. Los fenicios no tenían esa restricción: su mercado evolucionaba mucho más lentamente, precisamente porque la información no circulaba libremente.
Cabe esperar que una empresa de esta 'era de la información' que ya camina desde hace unos años a la 'era del conocimiento', implante una metodología que existe desde que el hombre comercia, pero que se enfrenta al reto del análisis de enormes cantidades de información en un tiempo demasiado corto, presentar ese análisis en forma de conocimiento, apoyar la toma de decisiones y que esas decisiones sean correctas.
El reto es fabuloso, la inteligencia la única herramienta que puede ayudarnos, la decisión está en cada uno.
Sergio Larreina
Clarke, Modet & Co.
slarreina@clarkemodet.com
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