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09 de Enero de 2009


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Nuestro país cada vez apuesta más por la I+D y cuenta con más empresas punteras que generan conocimiento e innovación. Sin embargo, todo ese conocimiento innovador se pierde en la mayoría de ocasiones por no protegerlo adecuadamente con las patentes.
29/10/2008 Clarke, Modet & Cº
España no protege lo poco que inventa. Tenemos poca capacidad de transformar el conocimiento en riqueza porque no lo protegemos. El 26% de los productos que exportan tanto EE.UU. como el Reino Unido son de alta tecnología, al igual que el 18% de los de Francia. La media de la U.E. es del 17%. En España el 5%.
La media de patentes por habitante presentadas ante la Oficina Europea de Patentes es de 134 entre los países de la Unión, destacando Suiza y Alemania con 426 y 312 respectivamente. En España es de 50.
Estados Unidos tiene 645 patentes de residentes por cada millón de habitantes, Alemania 587, Francia 236, Holanda 134. España 72.
En Europa, donde enviamos casi dos tercios de nuestras exportaciones, Alemania presenta al año ante la Oficina Europea de Patentes más de 25.000 registros, Francia, 8.300, Holanda 7.000, Reino Unido casi 5.000 e Italia 4.400. España 1.283.
Desde hace poco más de un lustro España ha puesto manos a la obra para modificar en el exterior la percepción de nuestro país y vincularla con una noción más tecnológica y avanzada. Cierto que hemos mutado nuestra imagen, pero aún no somos percibidos como potencia en ese campo. Los estereotipos pesan y es frecuente la asociación de España a conceptos como atraso, diseño pobre o baja calidad. España es un país desarrollado pero con lagunas como debilidad tecnológica, escasa innovación, etc. Pese a destacar en ciertos sectores (energías renovables, telecomunicaciones, aeroespacial…) nuestra percepción en el exterior sigue lastrada por prejuicios enraizados.
Es preciso dotar de nuevos atributos a la marca España. Atributos ligados a eficiencia, rigor, calidad e innovación potenciando la imagen tecnológica a fin de arrumbar definitivamente ciertos tópicos como únicos caracterizadores de nuestra proyección.
Sin embargo para lograr este objetivo hemos de disponer de una tecnología propia claramente identificable en el exterior y es aquí donde comienzan nuestros problemas, pues siendo verdad que en nuestro país existen empresas punteras, siendo igualmente cierto que albergamos importantes focos de innovación y que generamos conocimiento, hacemos frecuentemente renuncia a todo ello al no proteger y reivindicar la tecnología conseguida como propia. Ello dificulta demostrar la autoría española, transferirla para compartir conocimiento cooperando con otras empresas tanto nacionales como extranjeras y evitar que otros se beneficien gratuitamente de nuestro trabajo.
Hablo de renuncia al fruto de nuestro esfuerzo cuando no salvaguardamos los resultados. Cuando no utilizamos la vía de la patente como forma más usual y eficaz de protección.
Nuestro país ocupa discretos y secundarios puestos en los índices de innovación y en gasto privado en I+D, que es del 55,7% mientras que en Alemania es superior al 69% y tanto el Reino Unido como Francia rozan el 64%. Recordemos que el objetivo de la estrategia de Lisboa es alcanzar el 66% en 2010.
Lejos de mi intención abrumar con cifras, lo que ocurre es que éstas se muestran tercas y apuntan en la misma dirección al mostrar que en España existe un déficit de innovación que se incrementa alarmantemente si acudimos a criterios como protección de esa innovación.
No está de más recordar lo que decía el Banco de España en 2003 con ocasión de la ampliación de la Unión Europea. Reclamaba entonces "un decidido impulso a las tecnologías más innovadoras y aprovechar las ventajas competitivas derivadas de la diferenciación de los productos a través de las marcas y de las mejoras del diseño y la calidad" porque no será posible competir con precios bajos. Nuestra fórmula competitiva no puede ser otra que la innovación y su protección para poder acceder a los mercados. En definitiva: hacer uso de los mecanismos de la Propiedad Industrial.
Sería injusto decir que no se llevan a cabo esfuerzos. Se están realizando y muchos, pero los demás también los hacen porque hoy no son sólo las empresas las que compiten entre sí, sino también los países. Para que la imagen tecnológica de España y nuestra marca país gane firmeza los poderes públicos debieran coadyuvar a que las empresas que van al exterior incluyan la protección de la propiedad industrial en su plan de internacionalización.
Está bien cambiar nuestra tradicional imagen por otra más vinculada a la tecnología y la innovación, pero resultaría fraudulento difundir una marca país que no se corresponda con la realidad y si no patentamos ni distinguimos fuertemente con marca nuestros productos estaremos lejos de proyectar hacia el exterior la percepción de un país moderno y tecnológicamente avanzado, lo que provocará retraimiento en nuestro nivel internacional y en el reconocimiento exterior.
Tenemos que trabajar para merecer la percepción que deseamos transmitir porque no parece casual que los países con mejor imagen tecnológica sean los que más protegen su conocimiento y los que mejor utilizan y gestionan las herramientas de la Propiedad Industrial.
© José Luis Sagarduy. Clarke, Modet & Cº 2008
Director de Desarrollo de Negocio.
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